
La historia de la música popular está llena de casos curiosos, de llamativas coincidencias y de momentos en los que las circunstancias se alinearon para bien o en algunos casos para mal. Este es uno de esos discos que tenían todas las papeletas para no haber existido y que sin embargo existió, convirtiéndose además en uno de los mayores éxitos de la carrera de su intérprete. Hablamos de Grace Jones y su famoso Slave to the Rhythm, con su portada icónica y con la que seguramente sea su mayor hit: «Slave to the rhythm». ¿O no se llama así la canción? Sigue adelante y saldrás de dudas.
La jamaicana Grace Jones, con su aspecto felino, exótico y amenazante, venía de triunfar en los 70 como modelo. Además hizo sus pinitos como cantante, pinitos que poco a poco se fue tomando más en serio. En la segunda mitad de los 70, en colaboración con Tom Moulton, acabo convertida en diva de la música disco. Su fama le valió para lanzar algún disco algo más experimental y para adentrarse en el mundo de la interpretación. Recordados son sus papeles en Conan el Destructor (1984) y Panorama para Matar (1985). Grace Jones era la artista total: modelo, actriz, cantante, portada de Playboy, asidua en algunos de los vídeos musicales más representativos de la época…
Tras rodar las dos películas mencionadas, era el momento de volver a la música. Island seguía apostando por ella, a pesar de que la música disco que facturó a finales de los 70 estaba algo pasada de moda. Sin embargo Grace Jones tenía facilidad para adaptarse a cualquier estilo, como demostró con sus adaptaciones de «La vie en rose», «Libertango» o «Nightclubbing». El sello puso a su servicio a colaboradores como Stephen Lipson, Bruce Woolley o el productor Trevor Horn con la idea de hacer un disco algo más experimental. La base era una canción que habían escrito para Frankie Goes to Hollywood y que estos habían rechazado. Se titulaba «Slave to the rhythm». Empezaron a trabajar en el tema, haciendo diferentes versiones sin decidirse por ninguna de ellas. Atacaron la canción desde diversos estilos: soft disco, experimental, pop, electrónico… Cuando se dieron cuenta, habían agotado todo el presupuesto del disco en una sola canción. ¿Qué hacer? Pues muy sencillo: sacamos un LP con todas las versiones que hemos grabado.
Lo que parecía una insensatez terminó convirtiéndose en uno de los mayores éxitos en la carrera de Grace Jones. La imagen de la portada, con la boca abierta de forma exageradísima, se volvió icónica. De hecho por aquel entonces la cantante apareció en una publicidad de una marca de vehículos en la que, en cierto momento, su boca se abría desproporcionadamente y de ella salía un coche. Era sin duda el gran momento comercial de Grace Jones, momento que se vio refrendado por el éxito de una de las versiones de «Slave to the rhythm» que aparecían en el álbum. Por cierto, ¿Alguien más de los veteranos se acuerda de este anuncio?
La versión que tuvo la mayor repercusión, conocida globalmente como «Slave to the rhythm», en realidad no se llamaba así. Si echáis un vistazo al disco veréis que, aunque todas las canciones son variaciones sobre el mismo tema, los títulos son diferentes. Sí, hay una que se titula «Slave to the rhythm», pero no es la que sonó sin cesar en las radios y televisiones de medio mundo, sino otra con un sonido muy ochentero, muy parecido a la que abre el álbum, titulada en este caso «Jones the rhythm». La que más se parece a la canción que triunfó es «The fashion show», pero tampoco es esa. Como podéis comprobar hay versiones más «arty», otras más comerciales y otras que directamente se podrían haber quedado en el cajón de las demos.
El disco, supongo que para darle una coartada al hecho de que todas las canciones eran variaciones de la misma, se planteó como un álbum conceptual. Varias de las canciones contienen extractos de conversaciones, lecturas de biografías, anuncios o simplemente comentarios sobre la vida de la propia Grace Jones. La canción que cierra el álbum arranca precisamente con una presentación: «Ladies and gentlemen, Miss Grace Jones». Ese es el título que se le quedó a esa versión que, ahora sí, es la que todos más o menos conocemos. Una canción con arreglos orquestales, melodías reconocibles, una atmósfera entre el soft disco y el smooth soul que popularizó Sade y unos ritmos ligeramente funk que pueden recordar a lo que hacían grupos de white soul como Simply Red. Una combinación curiosa, como todas las demás en el disco, pero que en este caso dio con la tecla.
Y esta es la historia de uno de los mayores éxitos de Grace Jones en formato LP y también sencillo. Si te apetece escuchar el disco completo, lo cierto es que es toda una experiencia. Seguramente no le ha cambiado la vida a nadie, y probablemente no es el primero que te viene a la cabeza cuando escarbas en tu colección de discos y no sabes cuál poner, pero la verdad es que, como dice el tópico, este Slave to the Rhythm no deja indiferente a quien quiera lanzarse a escucharlo atentamente. Si te animas, aquí te lo dejo.
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