
A principios de los 70 triunfaban en los Estados Unidos diferentes bandas y artistas que tenían en común una deuda con los sonidos country-hippies-folkies más dulcificados para paladares poco curtidos en todo lo que no fuera pop. Con el centro de gravedad en los Byrds y/o Buffalo Springfield, estallaron hacia todas las direcciones posibles asteroides como Gene Clark, Gram Parsons, Flying Burrito Brothers, Crosby Stills and Nash, etc.
Sin embargo, todos ellos tenian también algo en común: les faltaba un número 1, esa canción definitiva que impulsa a un grupo no sólo al éxito, sino a perdurar eternamente en la conciencia musical de la gente. Tuvieron que pasar varios años para que al final lo consiguiera otro heredero, quizás el más famoso, de esos grupos antes nombrados: Neil Young. Fue en 1972 con su “Heart of gold”.
Sin embargo, volvemos un poquitín atrás y encontramos como, entre 1969 y 1972, mientras grupos como los mencionados Crosby Stills and Nash desaparecían y reaparecían sin alcanzar el ansiado número 1, había otra banda bastante menospreciada por la crítica pero que parían canciones de éxito sin descanso: era el grupo Bread, unos muchachotes que se colocaron a la cabeza de las listas de éxitos con canciones de pop azucarado como “If” o “Make it with you”.
No sé exactamente el tipo de música que escucharían tres jóvenes americanos que, por circunstancias de la vida (hijos de militares), se encontraban por aquella época en Inglaterra. El caso es que decidieron formar una banda y, tal vez incoscientemente, adoptaron un estilo pseudocountry con algo de rollo hippie y unos toques de folk, lo que les emparentaba con esos monstruos del primer párrafo, pero con una diferencia, y es que estos mozalbetes encontraron el punto de equilibrio entre el susodicho estilo, el pop almibarado de Bread y la fórmula exitosa de Neil Young. El grupo, tal vez por nostalgia de su tierra, se llamó America. Lo que salió del tubo de ensayo al mezclar todos esos componentes, “A horse with no name”. Casi desde el principio America tuvo que luchar contra el sambenito de copiar las armonías vocales de CS&N y de imitar la voz de Neil Young. Sería injusto, en cualquier caso, pensar que nos encontramos ante un mero grupo de imitadores. Crear algo como “A horse with no name” merece respeto y atención. Pero también sería un error pensar que America era sólo un grupo de singles, aunque en realidad sus singles eran tan brillantes que así lo hace parecer. Sobre todo en su primer álbum, este “America” que nos ocupa, el grupo da una brillante lección musical que va más allá de los grandes hits “A horse with no name” y “I need you”.
El disco incluye también un brillante homenaje al sonido de Crosby Stills and Nash en el tema “Riverside”. Destacaría también la enorme “Sandman”, la casi tropical “Three roses” y la espléndida “Here” (5 minutos de cerrar los ojos, relajarse y soñar con verdes praderas por las que correr descalzo). También la acústica “Rainy day” y un “Never found the time” que suena a Simon & Garfunkel. En realidad destacaría casi todas, porque “Clarice” es estupenda, “Donkey Jaw” sorprende por su guitarra y “Pigeon Song” recuerda a Gram Parsons.
America, el disco, es un buen punto de arranque si te gustan las grandes canciones de America, la banda, y quieres indagar algo más en su obra. Es, de hecho, un magnífico punto de arranque porque estamos ante un disco soberbio que sería de notable alto incluso si le quitáramos los dos súper hits.
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