David Bowie – Ziggy Stardust (1972)

A principios de los 70, surge en el mundo del pop lo que algunos denominaron «Glam Rock», en USA «Glitter Rock», otros más atrevidos «Gay Rock» , y el siempre ocurrente John Lennon definió como «Rock con pintalabios». Era un estilo de sonido facilón, con riffs de guitarra machacones y ritmos persistentes al tiempo que fatigosos, pero ofrecía una imagen sofisticada, moderna, rompedora y atrevida, una imagen que intentaba captar para la causa del rock a las nuevas generaciones que veían a los hippies ya un tanto desfasados. Con su sencillez e inmediatez también intentaban atraer a quienes se aburrían con los vericuetos del rock progresivo, muy de moda en aquellos años.

A David Bowie se le pueden reprochar algunas cosas, pero no saber estar en el momento justo en el sitio adecuado no es una de ellas. Después de haber coqueteado un tanto con el nuevo movimiento (la verdad es que bastante, véase si no la portada de The man who sold the world), decidió ser el más «glam» de todos, y para ello diseñó un plan de marketing, supongo que perfectamente estudiado, que empezaba con unas declaraciones a la revista Melody Maker desvelando su bisexualidad y culminó con la edición de este disco, The rise and fall of Ziggy Stardust. Una obra concebida como mucho más que un disco, incluso más que un disco conceptual, ya que el concepto sobre el que giraba se extendía más allá de sus surcos. Bowie se sacó de la manga un personaje, Ziggy Stardust, y vivió en su piel durante más de un año. Ziggy era una estrella de rock alienígena, un astronauta andrógino, un ser interestelar que vino a actuar entre nosotros, fundó la banda The Spiders from Mars y estuvo de gira con ella durante varios meses. Con su pelo de colores, sus ajustadas mallas (cuando no enseñaba directamente las piernas), su purpurina, sus vertiginosas plataformas… todo ello heredado y mejorado de la estética «glam».

El disco, a pesar de ser uno de los mayores triunfos del marketing de toda la historia del rock, contiene canciones fenomenales. De hecho, es también uno de los mejores discos de la historia del pop-rock. Siguiendo con su línea espacial que ya iniciara mucho antes con «Space Oddity», que seguiría en 1971 con «Life on Mars», aquí también hay una canción que triunfaría con tintes extraterrestres: la genial «Starman». La canción que da título al álbum, «Ziggy Stardust», siendo muy buena quizás no es la mejor del lote, pero desde luego es la que mejor define el estilo «space-glam» del nuevo Bowie-Ziggy, junto con la delirante «Moonage Daydream». Para los más rockeros está la grandiosa «Sufraggette City», y para los más clásicos y menos «glam», está la acústica, decadente, oscura, deprimente y mil cosas más que podría decir de «Rock and Roll suicide»: Eres demasiado viejo para perder,  demasiado joven para elegir… «Five years», la canción que abre el disco, es también el inicio de la historia de Ziggy: llega a nuestro planeta para avisarnos de un peligro inminente, antes de decidir quedarse entre nosotros a disfrutar durante un tiempo. Otro gran tema como lo son prácticamente todos los que se incluyen en el álbum.

Bowie ha tenido tantas etapas durante su carrera que, quizás, haya también seguidores que solamente se interesen por alguna de ellas. De todos modos, me resulta difícil creer que alguien a quien le guste Bowie no sienta admiración por este disco. Por mucho que alguien pueda preferir su etapa de Tin White Duke, o los experimentos berlineses, o su renacer comercial de los primeros 80, este Ziggy Stardust es un disco, debería serlo, de referencia para los seguidores de Bowie. Sí, a pesar que su propio autor amagar con renegar de aquella época de purpurina y ambigüedad sexual. En su momento fue glorioso, y si echamos la vista a los centenares de listas con los mejores discos de la historia que pueblan Internet, no ha dejado nunca de serlo.

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