Isaac Hayes – Hot Buttered Soul (1969)

Isaac Hayes era una de las más brillantes mentes creadoras en el mítico sello Stax, empezando en primer lugar como músico de sesión, y consolidándose después como productor y compositor junto al letrista David Porter. Hayes participó de una forma u otra en algunos de los grandes éxitos de la compañía. Junto a Porter crearon para Sam & Dave sus canciones más conocidas, «Soul man», «Hold on, I’m comin'» o «I thank you». También compusieron la mayoría de temas del gran disco The Queen Alone de Carla Thomas. Todo iba viento en popa, pero todo cambió en menos de un año.

A finales de diciembre de 1967 el máximo activo de Stax, Otis Redding, fallece en un accidente de aviación junto a varios miembros de los Bar-Kays. Bueno, era un golpe duro pero del que se podían recuperar, dado su contrato de distribución con otro gigante, Atlantic. Pero esto también falló: Atlantic fue vendida a Warner, y los nuevos dueños quisieron renegociar el acuerdo a la baja. Stax no aceptó, y entonces se encontraron con que no solo habían perdido futuros activos sino también los derechos de las grabaciones que habían realizado juntos. De repente no solo se habían quedado sin Otis Redding, sino también sin Sam & Dave. Las cosas pintaban mal, pero la reacción del sello de Jim Stewart, Estelle Axton y el A&R Al Bell fue entre brillante y suicida: pactarían una nueva colaboración con Paramount, reconstruirían su catálogo desde cero, y lo harían grabando casi treinta nuevos LPs, y otros tantos singles, en seis meses.

Uno de esos discos sería el segundo álbum de Isaac Hayes. Sí, Hayes había grabado ya un disco en 1968: Presenting Isaac Hayes. Fruto de una decisión más impulsiva que meditada, sin un plan de trabajo serio, el debut de Isaac Hayes como intérprete resultó un fracaso. Probablemente, sin aquella desesperada medida de reconstrucción nadie en Stax habría dejado a Hayes intentarlo de nuevo. En un giro curioso del destino su disco sería el más exitoso de todos, vendiendo más de tres millones de copias en 1969. Su título, Hot Buttered Soul.

Hot Buttered Soul, grabado casi por compromiso, por rellenar el cupo, resultó ser la semilla que haría reverdecer Stax y uno de los promotores de un cambio radical en la música soul. El punto de partida del que saldrían o se consolidarían estilos como el soul sinfónico, el soul psicodélico e incluso el hip hop o el trip hop. ¿Cómo pudo suceder tal milagro? Por algo muy simple: Isaac Hayes estaba convencido de que su disco no iba a llamar la atención entre otros 25 lanzados de golpe, sabía que lo habían «invitado» a grabarlo por necesidad, así que decidió, y exigió, que iba a hacer lo que realmente le diera la gana.

¿Y qué es lo que hizo? Pues, por ejemplo, llevarse las grabaciones de los Ardent Studios a Detroit para que las arreglara y mezclara el prestigioso Johnny Allen, de Motown. O coger el «Walk on by» de Burt Bacharach y Hal David y convertirlo en una odisea psicodélica, una hipnótica epopeya de doce minutos nacida de la improvisación, del genio conductor de Hayes, y rematada con unos brillantes arreglos orquestales. Una introducción instrumental de más de dos minutos da paso a una voz que empieza etérea, ralentizada y sufriente para ir subiendo de tono hacia la mitad de la canción antes de disolverse entre otros cuatro minutos de gloria instrumental. Un final en el que el Hammond de Hayes y las guitarras distorsionadas resuelven la canción en un alocado diálogo de improvisaciones. Una locura total que su autor llevó a cabo convencido de que, al fin y al cabo, no iban a vender discos ni a sacar singles ni a sonar en la radio. Pues sí que sonó, aunque en una versión muy recortada.

No contento con ello, Hayes cogió «By the time I get to Phoenix», el clásico de Jimmy Webb inmortalizado por Glen Campbell, y le dio un tratamiento incluso más extremo. Su versión se iba hasta más allá de los dieciocho minutos, de los cuales los primeros ocho o nueve solo contienen la voz de Isaac Hayes hablando sobre un siseo de su Hammond y un pequeño golpe de plato en la batería. Eso es todo. Suficiente como para inventar el rap. Suficiente para que cualquiera abandone su escucha antes de los 3 minutos, ¿verdad? Quizás en esta desdichada y ansiógena época que nos ha tocado vivir sí, pero no entonces, en la era del «In-a-gadda-da-vida» de Iron Butterfly, o el «The end» de The Doors. Eran tiempos de experimentación, también en el soul. Por eso los Temptations pudieron evolucionar desde sus inicios vocales, y por eso existieron Sly and the Family Stone o Parliament / Funkadelic.

Había una pequeña recompensa para quien aguantara hasta los últimos cuatro minutos, pero realmente aquí puede aplicarse esa cansina pero muchas veces acertada frase de autoayuda que repiten sin cesar los gurús de la felicidad del siglo XXI: lo importante no es la llegada, sino el camino. Hay que disfrutar de todos y cada uno de esos gloriosos dieciocho minutos de desgarro emocional. Si te atreves, claro.

¿Y qué hay de las otras dos canciones? Una de ellas tiene el indescifrable título de «Hyperbolicsyllabicsesquedalymistic» y es una composición original de Isaac Hayes. Aunque también se alargaba casi hasta los 10 minutos, es un poco más ortodoxa (no mucho, vale) que los otros dos temas de los que hemos hablado. De hecho es una pieza de funk, aunque con un ritmo quizás menos acentuado, pantanoso y denso. Hayes repite alguno de los caprichos de su primer disco, pero en esta ocasión de forma más afortunada. Versos como «cerebrum, cerebellum and medulla oblongata«, o «My gastronomical stupensity is really satisfied when you’re loving me» suenan más a canción desquiciada de John Lennon pasado de ácido que a lo que Hayes escribía para otros artistas. Pero bueno, ya sabemos que aquí había decidido experimentar todo lo que le diera la gana.

La canción «acaba» hacia los 4 ó 5 minutos, y lo que queda es, otra vez, improvisación instrumental, guitarras y teclados impregnados de efectos wah wah, distorsión y reverb sobre un ritmo casi krautrock. Y recordemos que el krautrock no existía como tal en 1969.

La pieza que completa el puzzle es «One woman». La canción más clásica, en el sentido formal, del disco. Aquí Hayes se decide por crear algo que pudiera encajar en parámetros, digamos, más comerciales. La canción solo dura cinco minutos y es una balada clásica, un típico tema de soul sensual y flamígero que había grabado Al Green poco antes. Aquí Isaac Hayes opta por no retorcerla demasiado y dejar que en el disco hubiese al menos una canción que, en su caso, pudiese funcionar como single. Aquí no hay excesos psicodélicos ni sinfónicos, tampoco improvisaciones y desbarres instrumentales. Solo soul clásico de la vieja escuela, que no es poco.


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