
El pasado viernes 27 de febrero falleció, parece ser que de forma repentina sin que hubiera constancia de ninguna enfermedad grave, el cantante y compositor Neil Sedaka. Un nombre que hoy puede que no le diga casi nada a mucha gente, pero hubo un momento en el que era uno de los grandes, no solo como intérprete sino también componiendo canciones para él mismo y para otra gente.
Su origen tiene mucho en común con el de otros grandes compositores del American Songbook: nieto de inmigrantes con ascendentes judíos de Europa del Este que llegaron a los Estados Unidos entre finales y principios del siglo XX. Pronto demostró interés por la música y también destreza: antes de los 10 años ya tocaba el piano. A los 13 conoció a Howard Greenfield, tres años mayor que él, con quien formaría más adelante uno de los dúos de compositores más exitosos de los últimos 50 y primeros 60. En el famoso Brill Building coincidieron con otras parejas famosas de creadores de canciones, como las formadas por Barry Mann y Cynthia Weil, Ellie Greenwich y Jeff Barry, o Gerry Goffin y Carole King. Justamente Carole King había sido novia de Sedaka antes de casarse con Gerry Goffin. Neil le escribió «Oh, Carol!», que acabaría siendo su primer gran éxito como intérprete.
Antes de eso, Neil Sedaka ya había lanzado algunos sencillos, unos con mejor suerte que otros. «The diary», escrita junto a Greenfield para Little Anthony and the Imperials, funcionó algo mejor cuando la interpretó él mismo. «I go ape» se quedó bastante por debajo en las listas. Más éxito tuvo como compositor, dándole (siempre junto a Howard Greenfield) a Connie Francis uno de sus grandes éxitos: «Stupid Cupid». Todo cambió, como he comentado, con «Oh, Carol!», publicada en 1959. Aquel fue el inicio de un trienio mágico en el que lanzó sencillos como «Stairway to heaven», «One way ticket (to the blues)», que tuvo un inesperado renacimiento a finales de los 70 de la mano del grupo Eruption, «You mean everything to me», «Run Samson run», «Calendar girl», «Little devil», «Next door to an angel», «Happy birthday sweet sixteen» o la que fue su otra canción más emblématica, «Breaking up is hard to do».
Como ocurrió con tantos ídolos juveniles americanos de los primeros 60, la British Invasion le pasó por encima. Siguió publicando singles en los 60 y primeros 70, pero apenas dos o tres entraron en el top 100 de las listas norteamericanas. A pesar de ello, su popularidad seguía intacta en países como Australia o Italia, llegando a grabar muchos de sus éxitos en italiano. Como compositor tuvo algo más de suerte: The Monkees, Frankie Valli o The 5th Dimension grabaron algunas de sus canciones. Lo más notable de esos años fue su álbum Solitaire (1972), grabado en Inglaterra junto a los futuros miembros de 10cc. No pasó gran cosa en los Estados Unidos, donde ni siquiera se publicó el disco, pero su éxito en las Islas Británicas sirvió para poner el primer peldaño de su regreso. Como curiosidad, en 1973 se le pidió que tradujera al inglés una canción titulada «Ring, ring» de una desconocida banda sueca que poco después, con el nombre de ABBA, alcanzaría el éxito internacional. Tras publicar otros dos álbumes ingleses, su amigo Elton John le echó una mano y finalmente en los Estados Unidos se publicó un recopilatorio titulado Sedaka’s Back (1974) con el propio sello de Elton, Rocket Record Company.
Aquel lanzamiento sirvió para recuperar el prestigio de Neil Sedaka y para dar a conocer al público norteamericano algunas de las canciones que había grabado durante su etapa británica. Entre ellas estaba la última canción (de momento) que compuso junto a su eterno compañero Howard Greenfield, «Our last song together». También estaba «Laughter in the rain», que llego al número 1, «Love will keep us together» (que también llegó al número 1 pero en la versión de Captain & Tennille), o la propia «Solitaire», de la que hicieron una versión The Carpenters. La cantante Toni Tennille cerraba la canción «Love will keep us together», a iniciativa propia, con la exclamación «Sedaka’s back!».
A rebufo de aquel éxito todavía publicó un par de discos con cierto éxito en los Estados Unidos, pero pronto quedó claro que su época ya había quedado atrás. Aunque siguió componiendo y grabando en los 80 y los 90, no pudo volver a tocar la gloria de sus años mágicos. Su legado en cualquier caso es indiscutible. Aquí os dejo con una lista de algunas de sus canciones, interpretadas por él mismo o por otras voces.
Por cierto, con esta lista de Spotify inicio una serie titulada The C90 Tapes que, básicamente, consiste en repetir en el mundo digital lo que ya hacía hace 45 años y disfrutaba tanto, intercambiar cintas grabadas con mis amigos. Hay un apartado especial en el menú para quien quiera tenerlas todas juntas.
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