Propaganda – A secret wish (1985)

Los 80 arrastran cierto desprestigio de un tiempo a esta parte. A veces con razón, todo hay que decirlo. Yo, sin embargo, los estoy redescubriendo ahora. No repasando lo que ya pude vivir en directo: los grandes discos de Michael Jackson, Madonna, Prince, U2, The Smiths, The Cure, Tears for Fears o Police; la consolidación de Dire Straits o Queen como grandes bandas de rock de estadios; el renacimiento de Tina Turner o Genesis, los grandes singles de los New Romantics y el Synth Pop, los últimos coletazos de Roxy Music, la ELO o Supertramp… En fin, sería un no parar de grandes nombres. Pero lo que estoy redescubriendo ahora, con gran placer, son los nombres más pequeños. Esta especie de segunda división (sin que nadie se ofenda) donde militan gente como 10000 Maniacs, Howard Jones, Everything But The Girl, Sade, The Church, The Blue Nile, Aztec Camera, Matt Bianco… Nombres que sí, que estaban ahí con sus sencillos sonando en la radio y a los que (no a todos) veías de cuando en cuando en la tele, pero a cuyos discos no les presté atención. Culpa mía, vale, pero para eso está el tiempo, para ir poniendo a la gente en su lugar.

Uno de esos grupos que tuvo un breve paso por las listas fue la banda alemana Propaganda. Tan breve que apenas duró un disco, porque después la formación se disgregó y lo que vino después ya no fue lo mismo. Seguro que muchos recordaréis que por unos meses canciones como «Duel» o «P-machinery» parecían de lo más cool y llamaban la atención en un panorama dominado por los nombres antes mencionados y otros como Alaska y Dinarama, La Unión, Radio Futura, Hombres G, Miguel Bosé, Modern Talking, Duran Duran, todo el Euro Disco, etc.

Su tiempo fue breve y ya me olvidé de ellos. Pero de forma recurrente me iba encontrado con el nombre de su primer (y único , creo, con la formación original) disco, A Secret Wish (ZTT, 1985), en muchas listas de álbumes de los 80. Finalmente este 2025 decidí darle una escucha a ver qué me encontraba. Y lo que me encontré fue un disco magnífico, un milagro para ser un álbum de debut, donde no hay ningún relleno. No solo eso, sino que las canciones que no salieron como sencillo son incluso más estimulantes y sorprendentes.

El disco arranca con una canción titulada «Dream within a dream», basada en el poema de Edgar Allan Poe. Y lo que nos encontramos no tiene nada que ver con sus canciones más conocidas: el tema se alarga hasta los 8 minutos con la voz de Susanne Freytag (creo, aunque algunas fuentes dicen que era Claudia Brücken) recitando el poema mientras suenan sintetizadores profundos, percusiones duras, todo tipo de elementos electrónicos simulando sonidos analógicos que van generando un ambiente enrarecido, acogedor a veces y de pesadilla en otros momentos. Un tema bastante en la línea de lo que estaba haciendo otro grupo señera de ZTT, (el sello que impulsó a Propaganda y publicó este disco), The Art of Noise, aunque aquí todo sonaba más oscuro y amenazador.

«The murder of love» no rebaja en absoluto la tensión. Sigue ese sonido profundo, rayando en lo industrial, salpicado por una combinación de voces femeninas que producen algún oasis de amabilidad entre tanta negrura y maquinaria oxidada. Sorprendente cuando aparecen guitarras procesadas tocando algo que parece jazz, gloriosa la alternancia de voces y también de ambientes. Todo ello con una letra realmente sobrecogedora.

Dos joyas que abren el disco, pero no son las únicas. Llega después una pareja inseparable: «Jewel» y «Duel». La primera es una especie de precuela de la segunda (sobre todo en la llamada Digtl Sequence del álbum, diferente de la Analogue Sequence que colgaré aquí): «Jewel» la cara más oscura e industrial, siguiendo la senda trazada por las canciones anteriores, como si Kraftwerk y Einstürzende Neubauten se dieran la mano pero no se atrevieran a fundirse del todo; «Duel», el single claro, la rara avis del disco aunque a la postre fuera el tema que les dio a conocer. La única concesión a la comercialidad en todo el disco, con un vídeo muy ochentero, pero no por ello deja de ser otra gran canción.

La siguiente canción también sonó bastante por aquí, al menos en las discotecas levantinas. Se trata de «p:machinery». Otro tema muy accesible si lo comparamos con el resto del disco, pero igualmente retador, distinto de los grandes blockbusters que sonaban en las pistas de baile. Cierto que su estribillo, con ese riff de teclado tan pegadizo, realmente llama a la acción. Pero no hay que dejar de fijarse en esa percusión sucia, casi irritante, en las variaciones de texturas que se van produciendo a lo largo de la canción, y en la letra, por supuesto, una especie de oda (o crítica, o advertencia, no queda claro) sobre la influencia de las máquinas en nuestras vidas.

Y no hemos terminado, esa fiesta que parece estar produciéndose en el sótano más profundo de una refinería abandonada sigue y sigue. Primero con «Sorry for laughing», una canción que podríamos considerar menor en el contexto del disco, pero por la que otros grupos hubiesen matado. Tremenda letra, de nuevo, en ese raro ámbito que va de lo personal a lo apocalíptico, que da paso a otra de las canciones conocidas del disco: «Dr. Mabuse». El expresionismo alemán hecho canción, un homenaje a la famosa trilogía cinematográfica dirigida por Fritz Lang (basada en los libros de Norbert Jacques, quien creó al personaje) que combina momentos más accesibles con otros donde la pareja formada por Freytag y Brücken no se deciden a desembarazarse del todo de ese apodo tétrico pero muy gráfico con el que algunos las definían: las ABBA del infierno.

Uno llega casi exhausto al final del disco, pero hay que seguir manteniendo la atención porque quedan dos pequeñas joyas ocultas: «The chase», otra gran manifestación del estilo tan particular que había desarrollado Propaganda en apenas un par de años de vida, y «The last word – strength to dream», un magnífico instrumental que cierra el disco como si realmente hubiésemos asistido al visionado de una película. De hecho los últimos segundos de la canción enlazan con la primera, «Dream within a dream», cerrando el círculo y dejando una sensación de vértigo y estupor, de admiración y agotamiento.

Por cierto, que no lo he mencionado: en los créditos del disco aparecen Trevor Horn, David Sylvian o Steve Howe, entre otros. Y la portada es obra de Anton Corbijn. Poca broma.

Una joya escondida (al menos para mí hasta hace unos meses) de los 80, única en su especie (quizás lo compararía, primos hermanos lejanos, con el Forever Young de Alphaville, y por supuesto con lo que hicieron Depeche Mode una vez superada su etapa de Synth Pop juvenil) porque Propaganda no volvieron a lanzar a disco hasta 1990, y para entonces la formación y su música habían cambiado y además quedaba fuera de la ecuación el efecto sorpresa de este debut. Así pues, A Secret Wish resulta ser una isla aislada, un refugio para náufragos que ofrece emociones fuertes, sonidos tenebrosos, letras esotéricas, frío, desolación y la extraña sensación de estar ante algo cuya majestuosidad quizás todavía no estoy en condiciones de comprender de manera más objetiva.


Descubre más desde Música Para Leer

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑