Splitsville – The complete Pet Soul (2001)

De todos es conocido el pique, sano y fructífero, que tuvieron los Beach Boys (concretamente Brian Wilson) y los Beatles a mediados de los 60. Brian Wilson escuchó el Rubber Soul de los de Liverpool y quedó fascinado, sintiendo el impulso de escribir algo que lo superase. Podríamos decir que lo consiguió con Pet Sounds, uno de los mejores discos de la historia si no es el mejor. Entonces los Beatles (sobre todo Paul McCartney, fan confeso del Pet Sounds) quiso devolverle la jugada y los Beatles sacaron primero Revolver y después, mientras Wilson le daba vueltas a Smile, el Sgt. Pepper’s. Aquello ya fue demasiado para el californiano. Podríamos decir que a los puntos ganaron los Beatles. Más o menos esa sería la historia.

Damos ahora un salto en el tiempo de casi 40 años y nos plantamos a principios del siglo XXI. El grupo Splitsville, una especie de proyecto complementario de The Greenberry Woods (a los que también recomiendo echar un vistazo si no los conocéis), se había convertido en uno de los secretos mejor guardados (o no, los muy aficionados al género seguro que los conocen de sobra) del power pop de los 90. Allá por 1997 decidieron hacer un homenaje al pop de los 60 con dos discos en el punto de mira. Ya lo habréis adivinado: efectivamente, hablo del Rubber Soul y del Pet Sounds. De ahí el nombre de este disco: The Complete Pet Soul (2001). Un disco que iba a ser un EP pero que, al ver que las canciones brotaban como setas, decidieron convertir en álbum.

Quizás quien conozca al grupo por sus discos anteriores lo pueda encontrar decepcionante por el estilo de música, un pop sixties totalmente influido por los dos discos antes mencionados. De hecho han comentado alguna vez que pensaron sacarlo con otro nombre, al estilo de lo que hicieron XTC con su alter ego The Dukes of Stratosphear. Al final decidieron poner en la portada Splitsville presents: The Complete Pet Soul, una forma de poner una pequeña distancia y, quién sabe, quizás también de homenajear de paso al concepto del Sgt. Pepper’s.

El disco se abre con un corte instrumental de escasa duración que da paso a la primera gran canción del disco: «Forever». Un tema donde su voluntad de homenajear a los 60 se funde con su alma noventera. Es en la siguiente canción, «Aliceanna», cuando ya cogen la tabla de surf y se lanzan a las olas. Puro pop playero californiano con unos coros que, ahora sí, rinden un sincero homenaje a los Beach Boys. Y como el otro disco de referencia es el Rubber Soul, la siguiente canción («Pretty people») recuerda bastante a los Beatles, aunque quizás más a los de Help! Pero bueno, tampoco le vamos a buscar pegas a un tema de pop casi perfecto.

El homenaje se vuelve más descarado todavía en «Carolina knows». Jugando a adivinos, el nombre podría haberse creado a partir de «Carolina, No» y de «God only knows», o quizás de «Tomorrow never knows». Lo que sí es evidente es que ese inicio es calcado al de «Golden slumbers/Carry that weight». Luego la melodía y los coros evolucionan y el final recuerda totalmente a los Beach Boys, o sea que tenemos la combinación perfecta.

A continuación encontramos otra canción cuyo título no deja lugar a dudas sobre el tipo de evocaciones que nos quieren provocar estos señores: «Sunshiny daydream». Una mirada al pop psicodélico de los 60 que igual puede recordar a los Beatles que a los primerísimos Bee Gees. Con «Tuesday through Saturday» vuelven las referencias oblicuas a los Beatles, combinados con préstamos de Kinks o Left Banke. En «You ought to know» vuelven a la senda de calcar a los Beatles, en este caso a los de la voz cascada de Lennon haciendo sus versiones de «Twist and shout», «Money», etc. Una canción efectiva y con un entusiasmo que se contagia.

«The popular» vuelve a salirse algo de la senda marcada para rendir homenaje a otro grande sesentero, Phil Spector, sin perder del todo a los Beatles de vista. Ese pequeño muro de sonido de fondo no deja lugar a dudas al respecto. La letra es irónica de una manera que recuerda a ácidos críticos de la sociedad de la época como el propio Lennon o Ray Davies.

Por si alguien todavía albergaba alguna duda respecto a las intenciones de nuestros amigos, la penúltima canción del disco se llama «The love songs of B. Douglas Wilson», con referencias a olas, chicas/chicos, la escuela y lo que ellos llaman California Summer sound.

La última canción del disco es una versión del «I’ll never fall in love again» de Bacharach, que el grupo grabó para una banda sonora que, al parecer, nunca llegó a completarse. Llevada por el grupo a su terreno powerpopero, de forma muy similar a lo que hicieron Redd Kross unos años antes con el «Yesterday once more» de los Carpenters, no desentona en absoluto en el disco y además sirve para redondear el homenaje a los maravillosos años 60. Si se escucha atentamente pueden encontrarse algunos coros y efectos copiados de la canción «Video killed the radio star». Preguntado al respecto, su teclista Krysiak responde que sí, y que lo hicieron por dos razones: porque siempre pensaron que las dos canciones tenían una melodía muy parecida, y para poner de manifiesto que, según ellos, la MTV mató a la estrella del pop de toda la vida.

Un disco aconsejable para los amantes del pop sesentero, o incluso del pop noventero, o del pop de toda la vida sin más aditivos ni pretensiones ni etiquetas. Súper aconsejable para quienes disfrutan con el disco Deface The Music de Utopia, otro álbum con intenciones similares a este. Pero vamos a lo que vamos, aquí tenéis el Complete Pet Soul de Splitsville para que paséis un buen rato descubriéndolo o recordándolo si ya lo conocíais.


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