Elton John – Honky Château (1972)

Elton John - Honky Château portada

Elton John iba lanzadísimo en estos primeros años de la década de los 70. Si contamos su Empty Sky de 1969, en tres años había publicado cinco discos, de ellos cuatro que podríamos considerar obras maestras. Al menos si eres un fanático de esta primera época de Elton como lo soy yo. Y ojo, porque sus siguientes cinco discos le llevarían todavía menos tiempo: dos años entre 1973 y 1975. Y con otras tres obras maestras, Don’t Shoot Me, I’m Only The Piano Player y Goodbye Yellow Brick Road, ambos en 1973 (¡qué dos discazos con apenas meses de diferencia!), y Captain Fantastic en 1975. Un chorreo de canciones cayéndoles de los bolsillos a nuestro querido Reggie y a su letrista de cabecera, Bernie Taupin, que apenas tienen parangón en los 70, quizás solo a la altura de lo que David Bowie y Stevie Wonder estaban haciendo en esa primera mitad de la década.

Por cierto, tendré que hablar algún día de lo del gran Stevie en esos años, porque vaya tela. De Bowie también, pero ya lo hice de su Ziggy Stardust y además lo puse el número 1 de 1972.

Pues aquí estamos, en el ecuador de la época dorada de nuestro cantante-pianista (masculino y blanco) preferido con permiso de Billy Joel. En 1972 «solo» publicó un disco, este grandioso Honky Château. Un álbum grabado en el mítico Château d’Hérouville (de ahí toma su nombre), un castillo francés del siglo XVIII con una historia que daría para un post específico. Sus paredes, cuentan, albergaron el tórrido y tumultuoso romance entre el compositor Frédéric Chopin y la escritora Amantine Aurore Lucile Dupin, más conocida por su seudónimo George Sand. En 1969, tras un incendio, el castillo fue reconvertido en estudio de grabación por el compositor Michel Magne, que lo había comprado pocos años antes. Por allí, además de Elton John, pasaron gente como David Bowie, Pink Floyd, T. Rex, Iggy Pop o Fleetwood Mac, entre muchos otros.

Château d'Hérouville
Château d’Hérouville. Fuente: Wikipedia

Honky Château puede llegar a ser considerado como un disco menor, encajado como estaba entre dos enormidades como Madman Across The Water y Goodbye Yellow Brick Road, pero no lo es en absoluto. Fue el primer álbum (el primero de muchos otros) en llegar al número 1 en los Estados Unidos. Buena parte de culpa, seguramente, la tiene la omnipresente «Rocket man». Una canción que hemos escuchado mil veces en las radiofórmulas pero que no por ello deja de ser grandiosa. «Rocket man» está obviamente inspirada en «Space oddity» de Bowie, aunque Taupin afirma que para la letra se basó en un relato corto de Ray Bradbury. No debe ser casualidad que el productor de Elton en este y otros discos, Gus Dudgeon, sea también el productor de la mencionada «Space oddity». En cualquier caso, una gran canción. Con ese inicio pausado y ese crescendo, aupado por su genial banda en este caso también en los coros, realmente uno casi puede imaginarse el lanzamiento de un cohete.

Los suntuosos arreglos de Paul Buckmaster han desaparecido, y con ellos la épica de Madman. También lo han hecho (no del todo, como veremos) las aproximaciones al country de Tumbleweed Connection (1971). Aquí está Elton con su banda, pero principalmente con su piano retomando el gran protagonismo que tenía en Elton John (1970), haciendo canciones pop y baladas de sabor clásico. «Rocket man» sería lo que ahora la gente joven llama «focus track«, pero hay mucho más. Por ejemplo «Honky cat», una divertidísima canción entre el music-hall y el boogie rock, con una letra alocada, unos vientos juerguistas y un ritmo tirando a exótico. A continuación llega «Mellow», una de las típicas baladas marca de la casa que todavía no tenían el efecto edulcorante de «Candle in the wind», esa canción que por algún motivo tanta gente odia. «Mellow» tiene un buen estribillo y un ligero aroma americano, con Elton John desplegando todo su talento como baladista.

Quizás me he precipitado hablando del alejamiento del country, porque realmente el disco tiene un sonido bastante americano que tal vez fue la clave del éxito en los Estados Unidos junto a la pegada de «Rocket man». Por ejemplo, temas como «I think I’m going to kill myself» o «Susie» suenan a rock and roll y también a los bares de carretera en los que todos nos imaginamos a Billy Joel arrancando su carrera a trompicones mientras amenizaba la borrachera a esa gente abollada de la que hablaban Surfin’ Bichos. Incluso hay una canción que suena inevitablemente a country: «Slave». De hecho cuesta distinguir el piano entre esas guitarras tan genuinamente sureñas. Ahí está también «Salvation» con un coro casi góspel. Es cierto, se trata de un recurso que Elton John ya había utilizado antes en varias ocasiones, recordemos sobre todo la gloriosa «Border song», pero aquí resulta más sobrecogedor.

Relacionada también con los United States está «Mona Lisa and Mad Hatters», un excelente retrato de la ciudad de Nueva York. Algo más agridulce que «New York state of mind», de Billy Joel, pero igual de poética y preciosa. La imagen de los «hijos de los abogados» encerrados en sus despachos, sin saber si fuera es de día o de noche, es el reverso amargo del orgullo que sienten los neoyorquinos por su constante actividad en la ciudad que «nunca duerme».

Para el final he dejado «Amy», una pieza rockera muy al estilo de Elton John, que cuenta la típica historia del jovencito que cae en brazos de la mujer madura. Como «Mrs. Robinson» pero más animada y menos recatada. Bueno, queda «Hercules», otra canción que suena muy americana, en este caso apuntando a un lugar equidistante entre el rock and roll, los Beach Boys y el doo-wop. Sí, sobre todo los pasajes instrumentales huelen a playa de California. Quizás, después de todo, sí que fue este Honky Château su segundo disco «americano», pero en cualquier caso de una manera más sutil que en Tumbleweed.

Discazo, en suma. Ahora veo mi lista de 1972, cuyo enlace os dejo al final del post, y me arrepiento de no haberlo puesto más arriba. Pero es lo de siempre, para que suban unos tienen que bajar otros… Y a ver a quién quitas de ahí arriba. Venga, a disfrutarlo.


Mis discos favoritos de 1972


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