
En algún momento de mi vida The Jam llegaron a estar entre mis tres bandas favoritas, junto a Supertramp y The Police. Lamentablemente, un grupo tras otro fueron desapareciendo o, en el caso de Supertramp, perdiendo a uno de sus miembros indispensables. Cosas de la vida. Mi obsesión con The Jam empezó justo en 1979 o 1980 al ver en la tele el vídeo de «Going underground». Esa potencia, esa intensidad punk combinada con un elegante estilo en el vestir, esa letra crítica y punzante, y ese vídeo que acababa con una explosión atómica, nada menos… El cóctel perfecto para impresionar a un adolescente. Por supuesto quise hacerme con el disco que contenía la canción, solo para darme cuenta de que no estaba en ningún disco. A cambio, ese Sound Affects me acabó dando muchas otras alegrías.
The Jam eran ídolos en su país, pero seguían con la espinita clavada de no triunfar en los Estados Unidos. Parece ser que esa búsqueda del reconocimiento ultramarino les llevó a introducir en este disco un sonido más americano, con toques de psicodelia pero con otros ingredientes un tanto sorprendentes. El disco Off the Wall, publicado por Michael Jackson unos meses antes, causó bastante impresión en los miembros de la banda. Sobre todo Rick Butler, batería recientemente fallecido, encontró en él inspiración para evolucionar su desempeño con las baquetas. Esta evolución en su sonido les alejaba un tanto de todos esos estilos en los que habían sido punteros (desde el Punk hasta la New Wave o el revival Mod). En pocos años se vio que aquello era el principio del fin para The Jam, pero por el camino dejaron este disco que, para mí, podría ser perfectamente su mejor trabajo. El título, Sound Affects, juega con las palabras «Sound effects», los famosos efectos de sonido de la BBC a los que se hace referencia en la portada.
Desde la primera canción se nota que hay menos rabia, pero las canciones son igual o más redondas todavía que en discos anteriores. «Pretty green» empieza con un enorme bajo que deja de ser actor secundario para convertirse aquí en gran protagonista. La percusión tampoco es la habitual, es más repetitiva y contenida. Como comentaba, la influencia de la magnífica producción de Quincy Jones en Off the Wall era importante en la grabación del disco. La voz de Paul Weller también está bastante contenida y todo el conjunto produce una impresión sosegada y agradable, palabras que yo nunca hubiese utilizado para definir algún disco anterior de The Jam.
«Monday» empieza otra vez con una línea de bajo que se sobrepone al resto de la instrumentación. A continuación se invierte el sentido, al tiempo que la voz queda como medio oculta por los instrumentos. El resultado recuerda enormemente a trabajos de grupos de los 60 como Love, por ejemplo. Es el primer rasgo de psicodelia que encontramos en el álbum, y no será el último. Pero antes los viejos The Jam de «In the city» asoman por unos minutos en «But I’m different now», aunque con detalles (esos coros, ese ‘ay, ay, ay’…) que dan a entender que aquellos tiempos no van a volver y que ya estamos en los 80, para bien o para mal.
A continuación encontramos la que posiblemente sea la mejor terna de canciones seguidas que se puede hallar en cualquier disco de The Jam. En primer lugar, «Set the house ablaze»: otra miradita de reojo al punk, pero en este caso cualquier rasgo de rabiosa nostalgia se ve aplacada por ese silbidito que precede a los primeros versos. Por lo visto es una llamada de atención hacia la emergente movida skin. Si intentaba parecer amenazante con esos inquietantes silbidos, esa atmósfera cargada, ese incesante guitarreo y ese efecto reverberante en la voz de Weller, desde luego que lo consigue.
La siguiente canción es la famosísima «Start!», que todo el mundo asocia a «Taxman» de los Beatles. De hecho mucha gente opina que Sound Affects es una copia del Revolver. Yo no diría una copia, pero es innegable que la influencia de los Beatles del 66 es evidente, incluso más que la del ya mencionado disco de Michael Jackson.
La última de las tres magníficas es «That’s entertainment», excelente canción que en sus primeros compases recuerda a «My sweet lord» y que posteriormente se convierte en una insistente sucesión de estrofas sin estribillo. La canción es una crítica a la sociedad moderna de 1980, se habla de days of speed y de Watching your TV and thinking about your holidays. El pobre Weller no se imaginaba que lo que vendría 25 años después sería todavía peor… En fin, una patada en el culo de la sociedad inglesa al estilo punk pero con una propuesta medio acústica y casi folk. Paul Weller haciendo de Ray Davies, una vez más, con su propio estilo.
Tras ese trío de ases uno podría pensar que el nivel bajará, y es cierto pero no tanto. «Dream time» es algo más luminosa que sus predecesoras, aunque sigue teniendo ese poso de cierta amargura. Al menos la melodía es animadilla. Y entonces llega «Man in the corner shop», una de mis canciones favoritas del disco y de toda la trayectoria de The Jam. Es uno de esos temas que te atrape de forma casi inconsciente, sin razones que puedan verbalizarse. Desde la tímida guitarra de la introducción hasta el inocente na na na del estribillo, pasando por la tremenda letra, un canto a la alienación humana aunque sin ira ni desesperación sino más bien con resignación, todo me parece admirable.
La casi instrumental «Music for the last couple» es la canción que, según muchos, sobra en el disco. Lo cierto es que no aporta demasiado. Es la primera canción, si no estoy equivocado, que firma el grupo al completo. Quizás se buscaba más democracia en la banda, pero la mayoría de las veces que el líder abre el puño (recuerden a los Creedence) no suele salir bien. En fin, pasemos a «Boy about town», una perfecta canción Mod chulesca e insolente en su letra, concisa y directa. El cierre al disco lo echan con «Scrape away», una deliciosa combinación de estilos que tiene elementos tanto del Soul como de la New Wave y la Psicodelia. Bastante indefinible, con unos cambios de ritmos y texturas interesantes y una letra de nuevo más agresiva de lo que haría pensar su envoltorio sonoro.
Vale, Sound Affects no incluía «Going underground» pero a cambio descubrí un enorme pedazo de disco. Aquí lo tenéis por si alguien no lo conoce (lo dudo) o quiere recordarlo. Ah, y como propina, más abajo, os dejo el famoso vídeo de «Going underground» que me hizo enamorarme de The Jam y que, todavía hoy, es una de mis canciones favoritas de la historia.
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