
Me encantan las historias de los ‘one hit wonders’ y los éxitos imprevistos. Me encanta también dedicar un espacio en este blog a grupos y artistas de los que hoy ya no habla nadie. Ambas circunstancias confluyen en este grupo de Estados Unidos (sí, a pesar de su mayestático nombre) llamado The Royal Guardsmen y su canción más conocida: «Snoopy vs. The Red Baron». Una pieza musical que en su momento tuvo enorme repercusión y que se convirtió, a pesar de ser eso que los americanos llaman una novelty song, en casi un icono de la cultura popular. Por supuesto, subiéndose a los hombros de otro icono de la cultura popular: Charlie Brown y su escudero Snoopy, todo un fenómeno en los Estados Unidos. Hoy me gustaría contaros la historia de este grupo y de su canción, que más allá de tener una melodía pegadiza y ser graciosa es un fascinante ejemplo de cómo la creatividad y el ingenio pueden convertir una idea en principio dudosa en todo un triunfo.
The Royal Guardsmen: ‘British Invasion’ desde Florida
The Royal Guardsmen fue un grupo de rock formado en Ocala, Florida. Estaba compuesto por Bill Balough (bajo), John Burdett (batería), Chris Nunley (voz), Tom Richards (guitarra), Billy Taylor (teclados) y Barry Winslow (voz y guitarra). Al principio se hacían llamar The Posmen, pero ante el éxito de la avalancha de grupos británicos que invadían los Estados Unidos a mediados de los 60 decidieron adoptar un nombre más «anglófilo»: The Royal Guardsmen. Como mánager contrataron a Leonard Stogel, un tipo que parecía tener un imán para los grupos raritos porque también llevaba a Napoleon XIV, que aparecía en escena disfrazado de (efectivamente) Napoleón, o Sam the Sham and the Pharaohs, que hacían lo propio vestidos de (también efectivamente) faraones egipcios. Hay que decir, no obstante, que The Royal Guardsmen eran un grupo más «normal».
Su primer sencillo, «Baby Let’s Wait», no tuvo ninguna repercusión a nivel nacional. Fue con su segundo lanzamiento cuando les llegó la fama inesperada y controvertida: «Snoopy vs. the Red Baron».
Las aventuras de Snoopy
La canción que le dio la fama a The Royal Guardsmen, y otras que vinieron después, narra las imaginarias andanzas del famoso perro Snoopy, protagonista de la tira cómica Peanuts (aquí Carlitos o Charlie Brown, no recuerdo bien) de Charles Schulz. La canción fue escrita por Phil Gernhard y Dick Holler, obviamente inspirados por las mencionadas historietas. En algunas de ellas Snoopy se imaginaba como un aviador, su caseta se transformaba en un avión de combate y se enfrentaba con su archienemigo, el famoso Barón Rojo, durante la Primera Guerra Mundial. La primera de estas tiras donde Snoopy aparece como Flying Ace, se publicó en octubre de 1965.

Por cierto, el Barón Rojo sí que existió en la realidad. Su nombre era Manfred Albrecht Freiherr von Richthofen y se convirtió en una leyenda de la aviación alemana en la I Guerra Mundial, con nada menos que 80 aviones enemigos derribados. A pesar de su destreza, finalmente encontró la muerte en 1918 en un combate aéreo sobre Francia. Era tan respetado que los propios británicos lo enterraron con honores de héroe. Pero volvamos a la música.
«Snoopy vs. The Red Baron»
El lanzamiento de la canción en 1966 coincidió con un período de intensa agitación política y social en Estados Unidos, en plena guerra de Vietnam y con la opinión pública empezando a mostrar su descontento. Una maniobra arriesgada, lanzar una canción en esos momentos con referencias bélicas que no fuera ni a favor ni en contra de la guerra. Más bien era una forma desenfadada de, justamente, quitar presión y practicar algo de escapismo respecto a la asfixiante situación. La cuestión es que, fuese tomada en serio o no, la canción fue un éxito. «Snoopy vs. The Red Baron» llegó al número 2 de las listas norteamericanas, vendió más de un millón de copias y llegó al número 1 en Canadá y Australia. Si en los USA se quedó en la segunda posición fue por culpa de otro icono cultural estadounidense: The Monkees. En el Reino Unido solo llegó al puesto 6 (que no está nada mal).
La canción es una humorada, cierto, pero no está exenta de cierto encanto sesentero. Arranca con una soflama en alemán (no sé si real o inventado) antes de lanzarse a un pop juguetón muy británico, con ese desenfado que tenían los primeros grupos que llegaron desde las Islas Británicas. El estribillo es pegadizo, hay que reconocerlo.
Controversia
A pesar de su carácter casi infantil, la canción no estuvo exenta de controversias. La primera, lógicamente, los derechos de autor del personaje de Snoopy. Parece ser que en un primer momento no se contactó con Charles Schultz para pedir permiso, seguramente no se consideró necesario, y el autor de las famosas tiras cómicas montó en colera. Finalmente hubo una demanda por los derechos de publicación y, por lo visto, se llegó a algún acuerdo para que pudiera seguir sonando. No solo eso sino que The Royal Guardsmen, ante el éxito del tema, escribieron más canciones con Snoopy como protagonista. Sin tanto éxito, eso sí.
El otro problemilla que tuvo la canción es que en varios momentos se habla del «Bloody Red Baron» (el maldito Barón Rojo). Ahora puede sonar a chiste, pero entonces la palabra «Bloody» se consideraba censurable. Así ocurrió: algunas emisoras hacían sonar el famoso y patético beeeep sobre la palabra de marras. Como casi siempre, se conseguía el efecto contrario: la gente compraba el single para saber qué palabra era la que ocultaba la censura.
Con el tiempo «Snoopy vs. the Red Baron» se ha convertido en una canción entrañable. Más allá de su falta de pretensiones, hay gente que le ha dado la vuelta y la ha convertido en una especie de reivindicación de la victoria del débil sobre el poderoso, de David sobre Goliat, del ingenio sobre la potencia. En fin, aparte de lo que cada uno quiera escuchar el caso es que la canción sigue sonando divertida y pegadiza, usándose todavía en más de un evento deportivo, sobre todo en espectáculos aéreos.
Espero que os haya gustado este recuerdo a una pequeña joya pop de los 60 que no suele mencionarse cuando se habla de las grandes canciones de la época.
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