
En la primera década del siglo XXI surgieron algunas bandas interesantes en Escandinavia: The Legends, The Sounds, Kings of Convenience, The Hives, Shout Out Louds… A mí me llamaron especialmente atención un dúo sueco, First Aid Kit (muy recomendable, algún día hablaré de ellas) y dos grupos daneses: Mew y The Raveonettes. Estos últimos se construían alrededor del dúo formado por Sharin Foo (bajo, voz) y Sune Ross Wagner (guitarra, voz). Yo andaba por entonces bastante metido en el universo de The Shangri-Las, y me parecía que The Raveonettes recreaban de alguna forma, modernizándolo, aquel sonido épico y trágico. Además sus letras eran también muy oscuras, algo que llamaba también la atención por el contraste con un sonido que combinaba referencias de los 60 y 70 (Ronettes, Ramones, Suicide, incluso las mencionadas Shangri-Las) con un noise-rock crudo y distorsionado pero no exento de buenas melodías, algo a medias entre Velvet Underground y Jesus & Mary Chain.
En sus primeros discos las referencias estaban más marcadas, pero poco a poco Sharin y Sue fueron puliendo su sonido, cambiando algunas cosas de un disco al siguiente, hasta llegar a este del que os quiero hablar hoy: In And Out Of Control (Everlasting, 2009). Un cuarto álbum en el que, de repente, se deciden a abordar un pop más luminoso y nítido sin perder sus referencias fundamentales. ¿Acaso «Bang!», canción que abre el disco, no podría haber sido un éxito masivo si la hubiesen sacado Blondie en 1979? ¿Y qué me decís de «Gone forever»? Ellos mismos me confesaron en una entrevista que estaba muy inspirada por Ramones, incluso en la forma de cantar de Joey Ramone. La guitarra de Sune Ross Wagner, siempre presta a traernos caos y ruido, por momentos suena más a lo que hacía James Calvin Wilsey en los primeros discos de Chris Isaak. Un toque cinematográfico que, por otra parte, ha estado siempre presente en los trabajos del dúo danés.
Siguen por supuesto esos brutales contrastes de sus anteriores trabajos, aquí incluso más acentuados porque las canciones son incluso bailables. Fijaos en «Boys who rape (should all be destroyed)», en su título y en su maravillosa brillantez sonora. Es casi de disonancia cognitiva. O en «Last dance», donde de nuevo abordan temas trágicos y delicados pero lo hacen con una inocencia y un fulgor que recuerda a alguno de los grupos que he mencionado al principio, por ejemplo The Sounds.
En la parte central del álbum The Raveonettes recuperan algo de las esencias retro de sus primeros álbumes. A una combinación entre jangle pop, Angelo Baladamenti y los spaghetti westerns suena «Heart of stone», otra de las maravillas que encierra el disco. Los títulos de las siguientes canciones nos ponen de nuevo en alerta: «Suicide», «D.R.U.G.S.», «Oh, I buried you today», «Breaking into cars»… Aquí tenemos de nuevo el universo casi macabro de las Shangri-Las y George ‘Shadow’ Morton. «Suicide», por cierto, puede ser algo engañosa con su título: en realidad está incitando a una chica que ha sufrido un desengaño amoroso a seguir adelante a pesar de que el mundo sea una basura («Lick your lips and fuck suicide, suicide not tonight, suicide not tonight«), todo ello entre coros celestiales y una guitarra con fuzz pero más contenida que de costumbre. Bastante más explícita es «D.R.U.G.S.», una de la canciones que menos me gustan del disco.
El sol vuelve a asomarse en «Breaking into cars», otra muestra del pop atemporal en el que The Raveonettes andaban especializándose por aquel entonces, con un pie en los 60 y otro deslizándose hacia el electrodance de proyectos como Ladytron. Su faceta más ruidosa se desata en «Break up girls!», donde reparten cera a todo el mundo, chicas y chicos. De nuevo, no podía ser de otra forma, con una suavidad vocal y un esplendor melódico que contrasta con la letra.
El disco sería casi perfecto si hubiese terminado así, porque «Wine» se queda un poco en tierra de nadie después de la montaña rusa de sensaciones que hemos atravesado en los diez temas anteriores. En todo caso el sabor de boca es muy bueno, dando la sensación en su momento de que estábamos ante el mejor disco de The Raveonettes, la cumbre de la perfección de su estilo. A fecha de hoy, después de que hayan sacado casi otra decena de discos, lo sigo pensando. Sí, creo que es su mejor álbum. Os invito a escucharlo, a ver si estáis de acuerdo.
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