The Hollies – For certain because (1966)

The Hollies - For certain because portada

Es ya un clásico aquello de que, cuando te dan a escoger entre los Beatles y los Stones, elegir a los Kinks. Es una broma que, al mismo tiempo, se usa como supuesto signo de distinción. No seré yo quien quite méritos al grupo de los hermanos Davies para estar ahí, en esta terna, junto a los grupos más grandes de los 60 (faltarían los Byrds y los Beach Boys), pero siempre me pregunto una cosa: ¿Por qué no revindicamos con la misma fuerza a The Hollies? Es verdad que bastantes de sus éxitos no fueron compuestos por ellos, y que quizás les falta ese gran éxito con mayúsculas que sí tienen los nombres antes mencionados (lo más cercano sería «The air that I breathe», o «He ain’t heavy, he’s my brother»), pero me parece injusto el desconocimiento en general que se tiene de su obra. Quien quiera adentrarse en su mundo puede empezar con alguno de sus discos de grandes éxitos, pero aquí hablaré de uno de los espléndidos álbumes que publicaron a mediados de los 60: For Certain Because.

La trayectoria de The Hollies es similar a la de los Beatles, ya que empezaron haciendo versiones, poco a poco fueron colando temas suyos en sus discos y finalmente en 1966, cuando ya llevaban cinco discos publicados, lanzaron este For Certain Because donde todas las canciones son obra de sus miembros. Que, por cierto, entonces eran Allan Clarke, Graham Nash (sí, ese Graham Nash), Tony Hicks, Bobby Elliott y Bernie Calvert, bajista que había sustituido poco antes a Eric Haydock. De ellos, solo Clarke, Nash y Hicks participaron en las tareas de composición del disco.

For Certain Because es, básicamente, un disco de pop a la vieja usanza. The Hollies, aunque aquí experimentan algo más que en sus anteriores trabajos, todavía no se habían metido a fondo en la psicodelia. Es cierto que meten algún instrumento menos habitual, pero en general las canciones descansan sobre grandes melodías y sobre todo excelentes armonías vocales. Como curiosidad, el disco fue publicado por Parlophone y producido por Ron Richards. Richards, que aprendió el oficio junto a George Martin, fue descubridor de los Hollies pero también el tipo que estuvo en la primera sesión de los Beatles y aconsejó a Martin que buscaran otro batería en sustitución de Pete Best. También fue quien, en ausencia de George, asumió las tareas de producción en la sesión que hicieron con Alan White a la batería (Ringo tampoco les había convencido, y tuvo que ser el propio Richards quien tuvo que darle la mala noticia, aunque ya sabemos cómo fue todo después).

El disco se abre con dos grandes canciones: «What’s wrong with the way I live», toda una declaración de principios juvenil, y «Pay back with interest», uno de sus mejores temas. Una canción esta última con grandes cambios de ritmo, sugerentes arreglos, grandes armonías vocales y pegadiza melodía que, sin embargo, jamás aparece entre las mejores producciones de los 60. Curiosamente las dos canciones que siguen, compuestas por Graham Nash, bajan un poco el nivel. «Tell to my face» tiene trazas de lo que después se llamó World Music, mientras que «Clown» se ve un poco afeada por los forzados efectos circenses (ese matasuegras). Los Beatles todavía no habían abierto las puertas de la percepción de par en par.

En «Suspicious look in your eyes» destaca claramente esa atractiva forma en que Allan Clarke  y Graham Nash combinan sus voces, arrastrando las palabras para crear una atmósfera sugerente pero a la vez cargada de esa todavía imperturbada inocencia de los 60. En «It’s you», que arranca con una interesante percusión y un sonido de armónica, destacan de nuevo las armonías vocales. El intento de emular a The Kinks con «High classed» y «Peculiar situation» denotan que lo de la crítica social y la ironía no era la mejor faceta de The Hollies. El pop puro y directo regresa con «What went wrong», espectacular y spectoriana en algunos momentos.

Tras ponerse tiernos en «Crusader», que recuerda a las primeras baladas de los Beatles, el grupo recupera la energía en «Don’t even think about changing». Si en la anterior recordaban a los Beatles, en esta se acercan a la gloriosa y sucia chulería de los Stones. Finalmente el disco se cierra con otro de los grandes temas de The Hollies, «Stop, stop, stop». Una canción que se vertebra alrededor de un insistente sonido de banjo que le da un toque de exotismo de cara a un público que todavía no se había acostumbrado a ese tipo de inventos. «Stop, stop, stop» fue top 10 en varios países y tuvo bastante éxito incluso en los Estados Unidos.

Así se cierra un disco que queda eclipsado por la cantidad de obras maestras que se publicaron entre 1966 y 1968, un trienio que todavía asombra cuando lo comparas con lo que ha sucedido entre, por ejemplo, 2016 y 2019, o 2022 y 2025. Es decir, prácticamente nada relevante aunque lo cierto es que siguen saliendo grandes discos si sabes dónde buscar. Pero volvamos a 1966 y disfrutemos de este For Certain Because, uno de los mejores discos (o el mejor) que hicieron The Hollies.


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