Kanye West – My Beautiful Dark Twisted Fantasy (2010)

Hoy hablaré de un disco que me impresionó mucho en su momento, a pesar de no ser un gran aficionado al rap. Sobre todo al rap de los últimos 30 años, porque la verdad es que sí que hay cosas de los 80 que me gustan mucho. Supongo que las más cercanas al pop o al soul, y tal vez por esto este My Beautiful Dark Twisted Fantasy (Roc-A-Fella, 2010) del entonces aclamado y hoy casi despreciado Kanye West me entró tan bien así, de primeras. Ya sé que hoy a Kanye se le conoce más por sus gilipolleces que por sus discos, pero creo que vale la pena que hagas un esfuerzo con este incluso si el personaje te repele.

Como comenté en su momento en una reseña bastante amplia que hice para Muzikalia, no creo que el gran valor de este disco esté en su novedad. Dentro del rap/hip-hop ha habido numerosos discos bastante más innovadores que este, y hoy en día ya casi lo hemos escuchado todo gracias a gente como Kendrick Lamar, Dr. Dre, Outkast, Gnarls Barkley, Jay Z, Public Enemy, y un largo etcétera porque seguro que me dejo un montón de gente que ha aportado algo propio al género. En lo que estoy pensando es en esa hibridación del rap con el rock o el pop (también lo hicieron los Beastie Boys) que es donde, para mí, está lo interesante de este disco.

Esa combinación, tan apta para el mainstream y que a mí me suele echar para atrás, es justamente lo que más aprecio del disco. Debo considerarlo, pues, un logro. Casi cada canción es un single de éxito en potencia, pero no caen en la comercialidad más facilona sino que todas ellas tienen matices y sorpresas. ¿Acaso no lo es escuchar un sample de King Crimson o de Mike Oldfield en una canción rap? Pocas veces he escuchado una canción como «Dark fantasy», que abre el disco, donde un sample tenga tanto protagonismo para bien. En este caso se trata de una parte de «In high places» de Mike Oldfield con la voz de Jon Anderson. Una maravilla a la que hay que añadir los coros y la voz de Nicki Minaj. Una gran introducción a todo lo que viene después, que es mucho y bueno.

«Gorgeous» discurre sobre un riff de guitarra de The Turtles, y se abre con un fraseo soul de Kid Cudi que es casi lo mejor de la canción. La temática es la habitual, mucha crítica social mezclada con las típicas fanfarronadas de los raperos. «Power» es otra sorpresa: cuando uno no se lo espera aparece de la nada el estribillo de «21th Century schizoid man», de King Crimson. Un tema espectacular donde Kanye West recita de forma fabulosa, de nuevo sobre temas sociales casi apocalípticos. Hay más samples en la canción, pero no hace falta mencionarlos todos, lo importante es la forma en que se ensamblan para crear una canción tan pegadiza como puede serlo el mejor tema de power pop.

«All of the lights» es épica, grandiosa, especialmente por la cantidad de voces invitadas y por la recuperación de elementos electrónicos y samples de teclados ochenteros. Estamos llegando a un punto en el que no sabemos si estamos ante un disco excesivo, una obra de arte o una pasada de frenada megalomaníaca. Pero queremos más, así que seguimos adelante. ¿Y qué nos encontramos? Pues «Monster», donde vuelven a lucirse Kanye West y Nicki Minaj y que incluye todos los tópicos del rap más provocador pero también un toque apocalíptico extraño y atrayente. «So appalled» no está mal, aunque sería mi candidata a peor canción del disco. Algunas veces me la salto para ir directo a disfrutar de «Devil in a new dress», que menos recitada y más cantada podría pasar por un éxito de Curtis Mayfield o Isaac Hayes en los primeros 70. Una vez más, gracias a los exquisitos samples escogidos (en este caso, el gran Smokey Robinson haciendo una gran versión de «Will you still love me tomorrow»).

Llega entonces el gran bombazo del disco: «Runaway». Una canción que se asemeja a un híbrido pop-soul donde no hay samples muy reconocibles (al menos para mí) ni falta que hace. Solo con unas notas de piano sueltas que se repiten insistentemente (y que parecen seguir la progresión del famoso Canon de Pachelbel) se crea un ambiente entre melancólico y opresivo que Kanye West sabe movilizar con un excelso recitado que, como decía, bordea el pop y el soul. Se le puede achacar su excesiva duración, casi 10 minutos, pero no se hace larga por ese interesante giro que da en su último tercio.

Casi me hubiese gustado que el disco acabase ahí, en todo lo alto, porque de las cuatro canciones restantes lo más interesante es escuchar esos ritmos tribales que destacan en «Lost in the world» y, sobre todo, el speech de Gil Scott-Heron (editado, pero igualmente directo y potente) en «Who will survive in America?». Un discurso que cada vez que vuelvo a escuchar el disco tiene más vigencia, tal como van las cosas últimamente. Y ojo, hablamos de 1970.

En fin, un disco excelente donde no sobra casi nada o nada. Para muchos fue el canto del cisne de Kanye West, a pesar de que Yeezus, de 2013, no está mal. Pero este es disco es diferente, es una sorpresa tras otra, e incluso cuando ya casi te lo sabes de memoria te sigue sorprendiendo con algún matiz, un sample, una palabra o un fraseo. Igual para los muy fervorosos amantes del rap más agresivo resultará demasiado pop, pero para mí que vengo justamente del pop fue en su momento todo un descubrimiento y una buena puerta de entrada para intentar bucear más a fondo en un género que tengo algo abandonado.


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