
Ya sé que no está de moda defender a Elton John, que se ha convertido en carne de memes y de burlas en redes. Al tipo, como a tantos otros genios, no se le perdonan dos cosas: la primera, que haya vendido discos como rosquillas aunque sus mejores años estén ya muy lejanos; la segunda, que envejezca. Bueno, pues como el bueno de Reggie es uno de mis artistas favoritos de todos los tiempos, yo voy a defenderlo aquí siempre que pueda. Y qué mejor forma que hablando de uno de sus mejores discos. Puede que incluso sea el mejor, y eso son palabras mayores en una discografía que, entre 1970 y 1976, fue casi perfecta.
Madman Across The Water (Uni/DJM, 1971) es uno de los grandes discos de aquella maravillosa época que fueron los primeros años 70, por mucho que en algún momento se vieran como un desierto repleto de pesados cantautores y canciones largas del que nos vino a salvar el punk. Aquí Elton John destapa el tarro de sus esencias para, junto a su inseparable Bernie Taupin, entregar un puñado de canciones espléndidas. Además no hablamos de temas directos, inmediatos, sino que incluso se puede atisbar algo de pop progresivo en ellos. Ninguna canción, salvo «Goodbye», baja de los 4 minutos.
Además no hay sencillos claros, aunque «Levon» y «Tiny dancer» (las que finalmente se publicaron) son enormes canciones. Respetando la integridad del disco, no se recortaron para que sonaran en la radio. «Tiny dancer» es un buen ejemplo de lo que comentaba: empieza como una de esas baladas que tanta gente desprecia, pero va abriendo las alas, desarrollándose, alcanzando un emotivo clímax y volviendo a la calma. Si no podéis evitar recordar la escena del autobús en Casi Famosos y que se os salte una lagrimita, sois de mi equipo.
«Levon» es el otro sencillo, y otra de las grandes canciones del disco. Tiene también formato de balada, pero los impresionantes arreglos de Paul Buckmaster impulsan a la canción y la convierten en un épico himno. Los arreglos orquestales tienen gran importancia en estos primeros discos de Elton John, como también la gran banda que formó a su alrededor. En los créditos de este disco aparecen, entre otros, nada menos que Nigel Olsson, Rick Wakeman, Caleb Quaye, Chris Spedding, Davey Johnstone, Dee Murray, Herbie Flowers… Todo ellos bajo la producción de Gus Dudgeon, otro grande.
«Razor face» no es tan completa como los dos sencillos que abren el disco, pero es también una buena canción que muestra a Elton John en gran forma vocal. Aquí hay algo más de guitarras, el piano queda un poco más diluido por momentos, y no aparecen esos fastuosos arreglos orquestales de otras canciones. No es explosiva ni espectacular, pero cumple sobradamente. Explosivo y espectacular es precisamente el tema que da nombre al disco, «Madman across the water». Para mí, una de sus grandes canciones. La letra habla de locura y de paranoia, y toda la instrumentación incluyendo los arreglos orquestales empujan en esa dirección. En ese sentido a mí me recuerda mucho a «Asylum», de Supertramp. Dos grandes ejemplos de poner la música al servicio de una idea de forma brillante. «Madman across the water» es una de las canciones que yo propondría a quien quiera introducirse en la discografía de Elton John huyendo de sus baladones, sus falsetes, sus pintas horteras y sus temas más famosos.
Ojo a esta interpretación casi jazzística de «Madman across the water» en un directo de sus mejores años. Casi once minutos de puro placer musical.
«Indian Sunset» demuestra de nuevo la fascinación de Bernie Taupin por el Viejo Oeste norteamericano. Recordemos que la pareja venía de publicar todo un álbum conceptual dedicado a ese tema, Tumbleweed Connection, del que también hablaré en un futuro no muy lejano. «Indian Sunset» cuenta la historia de un indio norteamericano en sus últimos momentos de resistencia frente al avance del hombre blanco. Las imágenes que pinta Taupin con sus frases son conmovedoras y crepusculares. La canción es larga, más de seis minutos, y tiene un desarrollo que, sin llegar a poderse calificar de rock progresivo, es bastante cambiante e interesante. De nuevo los arreglos acompañan a la perfección.
«Holiday Inn» es un bonito pero un poco agridulce retrato de la vida en la carretera con un delicioso toque folk. «Rotten peaches» es otra de esas historias de pecado y redención que tanto le gustaban a Bernie Taupin, y que Elton John viste con un ropaje casi soul aunque se acerque también en ciertos momentos al country. Al menos a esa versión del soul y del country que la pareja exploraba en aquellos primeros años.
«All the nasties» me parece una de las muchas canciones poco valoradas de Elton John. Pero es que, claro, tiene tal cantidad de éxitos y de canciones míticas que algunas joyas quedan algo escondidas. Aquí se sigue una estructura ascendente similar a la de «Tiny dancer», pero en este caso llegamos a un final góspel, con una larga coda que se desvanece en un último golpe de garganta. Una gran canción, lejos de los tópicos de los que tanto abusan quienes gustan de ridiculizar a Elton John.
El disco se cierra con «Goodbye», menos de dos minutos de bellísima despedida con un Taupin inspiradísimo al que Elton John, como siempre, viste de maravilla. Menudo final.
Envidio muchísimo a quien no haya escuchado nunca los primeros discos de Elton John. Si no lo has hecho y te interesa ir más allá de sus grandes éxitos, este sería un inmejorable disco por el que empezar. Aunque yo siempre prefiero ir en orden cronológico, de forma que aquí te dejo el enlace a mi texto de su disco de 1970, Elton John. Que no es el primero, porque antes hubo una especie de salida en falso con Empty Sky, de 1969, pero el álbum homónimo es el que le dio a conocer en todo el mundo.
Aquí está, de todas formas, Madman Across the Water para que lo escuches ahora mismo si te apetece recordarlo, o si no lo conoces y te pica la curiosidad.
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