Bee Gees – Horizontal (1968)

Hace ya bastante tiempo que hablé aquí del primer disco (internacional) de los Bee Gees, 1st. Siguiendo con el repaso a sus discos de los 60, un repaso que considero necesario si solo conoces su etapa discotequera, vamos a por su segundo disco: Horizontal. Algunos lo consideran su mejor trabajo de esta época psicodélica. Yo prefiero su debut, incluso también Odessa, lo cual no es obstáculo para que este Horizontal me parezca un gran disco, otro manual de pop psicodélico, aunque ya sabemos que lo fuerte de Bee Gees eran y serán siempre sus melodías.

Aquí hay menos canciones clásicas que en su extraordinario debut pero, como veremos enseguida, alguna hay. El disco se abre con «World», una canción que refleja una angustia existencialista sorprendente en unos adolescentes que apenas superaban los 20 años. Sí, es verdad, también los Bee Gees tuvieron 20 años, y no hay que olvidarlo cuando se escuchan estos primeros discos. Aquí hay psicodelia a tope, principalmente en el aspecto instrumental. Aparecen guitarras más o menos distorsionadas en algunos momentos, un insistente piano que va marcando la melodía y sobre todo el mellotrón, el omnipresente mellotrón. Una canción muy de la época, pero, para entendernos, más Moody Blues (o Aphrodite’s Child) que 13th Floor Elevators, por ejemplo.

«And the world will shine» remite a las mejores canciones de grupos también relativamente psicodélicos, como por ejemplo Procol Harum (ya sé, estos eran más sinfónicos). En esta ocasión aconsejo no prestar demasiada atención a la letra, la verdad. Sin embargo, el trabajo vocal (otra vez) es bastante impresionante, con ese crescendo en cada estrofa que realmente llega a ser emocionante, y con unos violines de fondo (los violines y los pianos son una constante en la mayor parte de canciones del disco) que están lejos de crear un entorno pastoril, justamente al contrario.

«Lemons never forget» es una de las muchas imitaciones/homenajes a los Beatles que los Bee Gees hacían por aquella época. Algo que, dicho sea de paso, entra dentro de lo muy normal en 1968. Al escuchar esta canción, con esa voz de rabia al mejor estilo Lennoniano, a uno se le hace difícil pensar que esta gente son los mismos del «Too much heaven» o el «Tragedy». Gran canción, totalmente infravalorada. De hecho ni siquiera aparece en el famoso recopilatorio (que se centra demasiado en las baladas; eso sí, todas geniales) que le gusta a los Gallagher. Uno nunca se hubiera imaginado a los Oasis reivindicando a los Bee Gees, ¿verdad?

«Really and sincerely» sigue el mismo patrón de las dos primeras canciones. Esa reiteración es lo poco que le puedo achacar al disco, aunque es verdad que le da una unidad sonora (solo rota por una canción, como veremos más adelante). Según el estado de ánimo del oyente, Horizontal le puede transportar a mundos mágicos o las tinieblas más absolutas. Hay que reconocer, y aquí es un buen momento para hacerlo, la gran producción de Robert Stigwood y el buen hacer en los arreglos de Bill Shepherd.

Otra canción que suena bastante a Beatles es «Birdie told me». Incluye algún intento de falsete, pero todavía al estilo de los de Liverpool. Aderezada con los omnipresentes violines y algún efecto sonoro lisérgico, el resultado es una muy buena canción de pop entre la psicodelia y el sunshine pop. Una canción quizás menor, como también lo puede ser «With the sun in my eyes». Aquí se repite de nuevo el esquema ya mencionado: inicio suave, órganos, violines, clavicordios, arpas y la voz melódica, juvenil y melancólica de Barry Gibb recitando una críptica canción de… ¿Amor? ¿Desamor? No se sabe. En este caso sorprende una total ausencia de guitarras y batería, tal vez anticipando el poco protagonismo que tendrán en un futuro.

Y, de repente, la sorpresa. «Massachusetts» no tiene nada que ver con el resto del disco. Es un hit, sí. Una de sus canciones más famosas. Pero no cuadra con el espíritu intimista, melancólico y psicodélico de Horizontal. Una canción con una estructura y un ritmo totalmente country, sólo que habla de Massachusetts en vez de hacerlo de, pongamos por caso, Arizona o Nuevo México. Sorprende también esa reivindicación de la costa este («Tried to hitch a ride to San Francisco, gotta do the things I wanna do, and the lights all went out in Massachusetts, they brought me back to see my way to you…«) en un año, 1968, en que todo el mundo parecía tener su mirada puesta precisamente en San Francisco. En fin, una canción genial, pero rara rara en todos los sentidos. Salió como sencillo antes que el álbum, y tal vez debió quedarse fuera para no romper la unidad del disco. Pero los Bee Gees no comulgaban con esa idea, tan extendida a mediados de los 60, de que los singles debían lanzarse separados de los LPs.

Otra cosa que no he comentado, y que quizás sorprenda a quienes se acerquen por primera vez a esta etapa de los Bee Gees, es el protagonismo de la voz de Robin Gibb. De hecho Barry Gibb no fue cantante principal y casi único hasta que, a mediados de los 70, Stigwood descubrió las ilimitadas posibilidades comerciales de su falsete.

Después de la obra maestra que es «Massachusets», el resto del disco puede decepcionar un poco. «Harry Braff» nos devuelve a los Bee Gees más cercanos a los Beatles o a los Kinks. «Day time girl» tiene un transfondo casi medieval, con una gran armonía de voces entre los componentes del grupo, de nuevo con gran protagonismo de Robin y muchos violines. Muy Beatle es de también «The earnest of being George», así que se agradece el cambio de tercio de «The change is made», una canción con hechuras blues o soul. La forma de cantar aquí de Barry Gibb es muy madura para su edad, recordando incluso a gente del estilo de Eric Burdon. Aquí conviene acordarse de que Otis Redding y los Bee Gees se respetaban mucho mutuamente.

La última canción es la que da nombre al disco. «Horizontal» es otra media balada psicodélica, con mucho violín y mucho piano, en la que se puede apreciar el gran trabajo vocal del grupo. Sus armonías y la coordinación que conseguían con sus voces, señas de identidad de toda su carrera, pueden compararse sin rubor a lo que hacían Crosby Stills and Nash. Cuando cantan todos los hermanos Gibb a la vez es cuando más se parecen a lo que serían más adelante, en los 70. Sin ánimo peyorativo, desde luego, soy muy fan de su etapa disco. Pero ya llegaremos ahí algún día. De momento os invito a escuchar Horizontal.


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