Bruce Springsteen – Greetings from Asbury Park, NJ (1973)

Ahora que parece que se agotan las secuelas y están de moda las precuelas, este disco podría ser la precuela de lo que fue Springsteen a partir de 1975. Aquí está su maestría en la caracterización de personajes marginales pero orgullosos, siendo él mismo uno de ellos; también asoma tímidamente el músculo («Growin’ up», «It’s hard to be a saint in the city») que desarrollará de manera colosal en los años siguientes; están, echando mano del tópico, los coches y las chicas, también el deseo de escapar y estar en alguna otra parte haciendo cualquier otra cosa.

Springsteen empieza a construir un mosaico en el que aunar a la perfección música y vivencias, ciertas o inventadas, que convierten a sus personajes – y, de nuevo, a él mismo – en una especie de working-class heroes que viven su desarraigo no con indolencia, sino con la cabeza alta y una luz de esperanza en el horizonte. Ese proyecto se irá concretando mejor (o peor, según gustos) en los siguientes discos. Finalmente, aquí está sobre todo el verborreico contador de historias que llegó a ser calificado como “el nuevo Dylan” o “el futuro del rock”. Mucha responsabilidad para un chaval de 23 años, y escasa respuesta del público en su momento a canciones ahora míticas como las antes mencionadas, además de «Blinded by the light» o la soulera «Spirit in the night».

No es el mejor debut de la historia, pero sí una buena base para entender al Bruce de los Born, Darkness, River y, escuchando «Mary, Queen of Arkansas», también al de Nebraska.

(Texto publicado originalmente en el número de enero de 2023 de la revista Ruta66)

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