
Hay discos de los que te enamoras por la portada. En el hipotético caso de que no sepas lo que hay dentro de este Tapestry de Carole King, es muy posible que esa paz que transmite la portada te enganche y te impulse a escucharlo. Esa imagen de tarde otoñal, luz tenue, pies descalzos, ese gato que nos mira complaciente, la gran Carole que también nos mira con esa paz en los ojos de la que antes hablaba. Sí, hay discos que enamoran por la portada. En este caso, también por el contenido.
Carole King, como probablemente sabréis, empezó a destacar como compositora en el mítico Brill Building neoyorquino, esa especie de Tin Pan Alley de los 60 que fue cantera de grandes compositores y compositoras. Talentos para la composición que en muchas ocasiones eran pareja artística y también sentimental, como en el caso de Carole King y Gerry Goffin, un tipo del que ya hablé en el blog hace tiempo con motivo de su fallecimiento.
En ese vivero de talentos estaban grandes nombres que luego dieron el paso a la interpretación, siendo los más destacados Neil Diamond, Neil Sedaka (que le había dedicado a nuestra protagonista la canción «Oh, Carol!», y la propia Carole King. Algunas de las más maravillosas canciones de los 60 llevan su firma, bien en solitario o, más habitualmente, junto a su marido Gerry Goffin. Entre ellas están «Will you love me tomorrow» (The Shirelles), «The loco-motion» (Little Eva), «Up on the roof» (The Drifters), «One fine day» (The Chiffons), «Don’t bring me down» (The Animals) o «(You make me feel) like a natural woman» (Aretha Franklin), por mencionar algunas de las más conocidas.
Como decía antes, algunos grandes nombres del Brill Building se decidieron a interpretar sus propias canciones. Entre esos nombres estuvo el de Carole King. Tras separarse de Goffin y trasladarse a California en 1968, Carole formó un grupo llamado The City con el que tocaba en directo e incluso llegó a grabar un álbum que pasó totalmente desapercibido. The City se separaron en 1969, pero Carole King ya se había introducido en el ambiente californiano y trabó amistad con algunas de las grandes estrellas o promesas de Laurel Canyon, entre ellas James Taylor y Joni Mitchell. Vivir en ese ambiente de alta creatividad le animó a grabar un disco, Writer, que de nuevo volvió a tener escasa repercusión, a pesar de incluir dos temas ya conocidos como «Goin’ back», popularizado por Dusty Springfield, y la antes mencionada «Up in the roof». Reputados músicos de sesión, y el propio James Taylor, tocaban en el disco, que no estaba mal a pesar del fracaso comercial y de que la producción, en su momento, se catalogó como pobre. Todo iba a cambiar rápidamente.
Su siguiente álbum, Tapestry, contó con la producción de Lou Adler, dueño y fundador de Ode Records, sello en el que Carole King había publicado su disco de debut. Adler decidió potenciar a Carole como cantante al piano, haciendo un fenomenal trabajo de producción que le valió un Grammy. Ceder el protagonismo al piano en lugar de a la guitarra impulsaba la dulzura y sensibilidad de los temas. Todo ello, sin embargo, no sería tan importante sin las canciones. Carole King destapó todavía más todo su talento para este disco. Aunque también se incluían algunas canciones ya conocidas, como «Will you love me tomorrow» o «(You make me feel) like a natural woman», en este caso las composiciones que King preparó específicamente para el álbum tenían el mismo nivel o casi superior. La cara A se abre con nada menos que «I feel the Earth move», «So far away» y «It’s too late» de una tacada, siendo uno de los mejores inicios de álbum de todos los tiempos. Y ojo que después viene «Home again», otra maravilla aunque menos conocida.
La segunda cara del disco arranca con otro tema mítico de Carole King: «You’ve got a friend», que James Taylor también incluyó en su disco de aquel año, Mud Slide Slim and The Blue Horizon. Otra sensacional pieza cantada al piano con firmeza pero también con emotividad. «Where you lead» es otra de las canciones menos conocidas pero igualmente excelsas e importantes. Si Barbra Streisand se fijó en ella sería por algo. Además ha sido cabecera de algunas series de TV.
Tapestry ganó varios Grammys, entre ellos al álbum del año, a la grabación del año («It’s too late»), a la canción del año («You’ve got a friend») y a la mejor interpretación pop femenina. Se puede pensar que los premios no son lo más importante para un disco, pero en este caso además de merecidos eran históricos y muy representativos de la grandeza del milagro conseguido por Carole King, ya que era la primera vez que una solista femenina conseguía dichos galardones. Además quizás Tapestry no sea el disco que inició la gran moda 70s de los/las singer-songwriters, pero seguro que fue uno de los que impulsó el movimiento y ayudó a que la gente prestara atención a esa gente rara que bajaba de las montañas californianas para cantar sus propias canciones. Seguro que incluso impulsó el interés por otros fenómenos de las canciones al piano como Elton John, Billy Joel o incluso Tom Waits.
Con independencia de todo, de los premios, de su importancia histórica y de cualquier otra cosa, lo principal siempre es la música. Escuchar Tapestry, por la noche y con unos buenos auriculares, o de día con un buen equipo, sigue siendo una experiencia maravillosa y enriquecedora. Un disco al que no le sobra ni un segundo y que, dentro de su aparente sencillez, esconde matices deliciosos que vale la pena perseguir y encontrar. Te invito a hacerlo ahora mismo.
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