
A lo largo de la historia de la música se han grabado miles, posiblemente millones de discos. Los hay malos, regulares, buenos y muy buenos. Algunos son maravillosos e incluso llegan a mejorar la vida de la gente que los escucha, aunque sea al menos por unos minutos. Luego están los discos milagrosos, que no se sabe de dónde han salido, que crean algo mágico e irrepetible, algo que nunca vuelve a suceder ni puede hacerlo porque solo puede suceder una vez. Esos discos que nadie en su sano juicio intenta imitar, de hecho ni sus propios creadores lo intentan porque saben que han creado algo único. Entre esos discos, para mí, están el Sgt. Pepper’s de los Beatles, el Astral Weeks de Van Morrison, el Odessey and Oracle de The Zombies, el Dark Side of the Moon de Pink Floyd y el What’s Going On de Marvin Gaye. Ojo, no estoy diciendo que sean los cinco mejores discos de la historia, ni siquiera mis cinco favoritos, lo que digo es que son únicos en su especie, un milagro fulgurante del que cuesta encontrar precedentes y, por supuesto, imitaciones que estén a su nivel. Momentos únicos en los que todo, el artista/grupo, las canciones, la producción, incluso las casualidades, los accidentes y el momento histórico, coincidieron y se conjugaron para crear una obra maestra.
Cuesta creer que el Marvin Gaye de What’s Going On sea el mismo que unos años antes estaba cantando efusivas canciones de amor, y que un par de años después se convertiría en una especie de símbolo sexual con nuevas canciones de amor más lujuriosas y sensuales. En 1968 Marvin Gaye vivía en un mundo de éxito y hedonismo, un mundo que empezó a desmoronarse con su divorcio de Anna Gordy y, posteriormente, con la enfermedad y fallecimiento de su compañera musical Tammi Terrell. El cantante se hundió en una depresión que le llevó a padecer ideas suicidas, a pensar en abandonarlo todo y dedicarse al fútbol americano, y a ser arrastrado por mil ideas peregrinas más que anidaron en su mente confusa y hundida.
Como en otros tantos casos, Marvin Gaye encontró un asidero en la espiritualidad. No solo en la religión, que también, sino en una comunión espiritual con la humanidad y la naturaleza. Una caída del caballo al estilo de San Pablo que le llevó a profundizar en ese lado espiritual de su vida al que no había hecho mucho caso anteriormente. Hay que recordar, por supuesto, el ambiente y las circunstancias históricas de las que estamos hablando: principios de los 70, Guerra de Vietnam, el sueño hippie cayéndose a pedazos, el problema racial muy lejos de resolverse, violencia policial… Marvin decidió que todos esos problemas no le podían seguir resultando ajenos, quizás porque su sensibilidad se había visto incrementada por las circunstancias. Fue por entonces cuando le ofrecieron una canción que Renaldo Benson, de los Four Tops, había empezado a componer justamente tras presenciar desde el autobús un episodio de violencia policial contra unos manifestantes. La canción era una especie de lista de preguntas sin respuesta, un grito amargo contra la deriva destructiva del mundo. Los Four Tops la rechazaron diciendo que era «una canción protesta». Marvin vio que sí, que había protesta en «What’s going on», pero también amor, comunidad, belleza y tal vez algo de esperanza. Inmediatamente se puso a pulir la canción y a construir un álbum a su alrededor con canciones de temática similar: el amor, la religión, la ecología, la hermandad, la igualdad…
El siguiente milagro se produjo al llevar aquellas canciones al estudio. Marvin se vio tocado con una varita mágica a la hora de crear, de tomar decisiones respecto a la producción, la ambientación para las canciones y los músicos colaboradores. También se vio favorecido por accidentes en el estudio que ayudaron a crear ese sonido único del álbum, como las superposiciones de capas vocales que son una de las principales e inimitables características del disco, o el tremendo saxo que suena al principio. «What’s going on» es una de las mejores canciones de la historia, por no decir que está por encima del resto en cuanto a que es más que una canción: es una súplica desesperada, la confusión de un hombre que sufre al ver el mundo que lo rodea, el sonido de almas desgarrándose. Pero «What’s going on» no está sola, ya que aquí tenemos ese otro milagro titulado «Mercy mercy me (the ecology)», una canción adelantada a su tiempo en todos los sentidos que ya habla de exceso de mercurio en los peces y plástico en los océanos décadas antes de que la tele nos bombardeara con noticias sobre islas plásticas en el Pacífico y de que el atún empezara a tener mala fama. También está «Inner City Blues (Make me wanna holler)», otro lamento catártico, sincero y atormentado.
Estamos ante un álbum que hay que degustar con paciencia y atención, puesto que su magia deriva de la comunión total entre las letras (hay que tenerlas a mano, por favor, y hacer un esfuerzo si no se sabe inglés), la forma de cantar de un Marvin Gaye que jamás volvió a sonar igual, la instrumentación con sabor a jazz que reflejaba, con un caos quizás medido y pensado pero igualmente sorprendente, esa idea de confusión y desconcierto que flota sobre todo el álbum. Hay que atender a las letras, pero hay que prestar igual de atención a esos sublimes momentos instrumentales, como el último minuto de la mencionada «Mercy mercy me», la excelsa percusión en todo el disco, la increíble producción idea del propio Marvin Gaye y su forma de cantar, con una rabia contenida que resulta natural y creíble, además de conmovedora. Es ese ambiente general del disco el que impulsa incluso a canciones menores, siempre hablando en comparación con la magnífica tríada mencionada, a elevarse hasta el infinito, hasta la cima de la grabación en estudio.
Pocos en Motown confiaban en este disco, que abrió puertas para la libertad creativa de sus autores y que seguro que ayudó a que Stevie Wonder hiciera su maravilloso 5-in-a-row de álbumes en los años siguientes. Gracias a la cabezonería de Marvin, podemos ahora disfrutarlo. Si el término «obra maestra» existe es para pedazos de arte como este álbum, que va más allá de ser un disco conceptual sobre los problemas del mundo en 1971, aunque lo parezca. Es realmente un disco sobre los problemas de la humanidad en todas las épocas. De hecho, habla del drama humano de vernos lanzados a un mundo que no entendemos ni hemos creado ni nos gusta cómo es. También, aunque de manera muy oculta, abre la puerta a la esperanza de que, durante nuestro corto paso por él, podamos ayudar a mejorarlo. Pero What’s Going On es, sobre todas las cosas, uno de los mejores discos de la historia. Es el disco que hoy sería fácil de hacer, pero que nadie (salvo quizás Curtis Mayfield) se hubiera atrevido a hacer entonces.
Escuchar What’s Goin On así, con atención, leyendo las letras, reflexionando sobre lo que escuchas y dejándote llevar por su mágico sonido, es toda una experiencia. Es una de las mejores cosas que puedes hacer si tienes media hora en la que puedas olvidarte de todo a tu alrededor, apagar el teléfono y centrarte con todos tus sentidos en esta maravilla. Te lo pongo fácil: aquí lo tienes.
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