Johnny Cash – At Folsom Prison (1968)

Estamos ante un disco cuya leyenda ha sido, posiblemente, magnificada. Pero es difícil resistirse al mito: el gran Johnny Cash ante un puñado de presos, transmutándose en ese Hombre de Negro que canta canciones de crímenes, pecado y redención, aparentemente identificándose con su audiencia y su sufrimiento, pero también con el sufrimiento que pudieran haber causado. En realidad At Folsom Prison es simplemente el registro grabado de un cantante, un gran entertainer, haciendo exactamente eso: entretener a su público. Pero el entorno complicado, la entrega de Cash, la elección de las canciones y la forma de cantarlas hacen de este disco uno de los más grandes directos de la historia.

Detalles como las exclamaciones de júbilo entre los presos cuando Cash canta que «disparé a un hombre en Reno solo para verle morir«, o los momentos en los que tiene que pedir calma, incluso avisando que el concierto está siendo grabado. «25 minutes to go», con toda su carga de humor negro, pone la carne de gallina cuando uno piensa ante qué gente se está interpretando. Lo mismo ocurre con las otras murder ballads que jalonan el disco, o con una «Green green grass of home», la fantasía del preso que sueña con volver a su hogar ante su inminente ejecución. Aconsejo alejarse de ediciones de lujo y completistas: no necesitamos saber que todo estaba preparado al milímetro ni que los presos respondían a las señas de un maestro de ceremonias. Tan solo queremos cerrar los ojos, escuchar el mítico saludo de «Hello, I’m Johnny Cash» y sumergirnos una vez más en la leyenda.


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