
Núria Graham se consolida, con este cuarto álbum, no ya como una de las cantantes más prometedoras de la escena nacional sino como una impecable realidad. En Marjorie se revela además como una excelente contadora de historias, casi todas hilvanadas alrededor de un nexo común: sus recuerdos. Es complicado saber hasta qué punto se trata de un álbum autobiográfico, pero es evidente que esa extraña nostalgia difuminada que subyace en “Connemara”, lugar en el que veraneaba junto con su familia, o “Marjorie”, el nombre de su abuela, son verídicas y sinceras. Otra cosa, no al alcance de todos, es conseguir vehicular esos sentimientos de la manera tan soberbia como Núria consigue hacerlo en estos y otros temas como “The stable”. Una aproximación instrumental más ensoñadora, a veces más cercana al dream pop que al folk, ayuda a que estas composiciones calen en la imaginación. Y, en algún momento, lo hacen con un poder evocador que, salvando las distancias, puede recordar al que desprende Van Morrison cuando habla de su Caledonia. Ese sentimiento, ese recitado, aquí salpicado con estribillos asimismo memorables. Las letras no son menos notables, con algunas frases que parece increíble que puedan salir de una mente que aún no ha vivido un cuarto de siglo. Suena a puertas del futuro abriéndose de par en par.
(Reseña publicada originalmente en el número de junio de 2020 de la revista Ruta 66)
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