John Mellencamp – Strictly a one-eyed Jack (2022)

Para toda estrella de la música, salvo llamada anticipada a las puertas del cielo, llega el temido momento de envejecer. La forma de hacerlo les diferencia: hay quien piensa que una retirada a tiempo es una victoria, hay quien se arrastra por los escenarios, quien simula que todavía tiene 20 años y quien se adapta a los diferentes cambios, gloriosos o envenenados, que nos va ofreciendo la vida. Estos últimos son los que más me interesan, los que sacan un disco con 60, 70 u 80 años que suena a alguien que tiene 60, 70 u 80 años. Allá cada cual con la forma en que desea llevar su carrera, pero no veo sentido a pretender que el tiempo no pasa.

En los últimos años, por suerte para quienes piensan como yo, parece que los grandes nombres, en general, han decidido no ocultar por más tiempo sus arrugas. Las de dentro, las de fuera cada uno las lleva como puede. John Mellencamp tiene 70 años y ha entregado el mejor disco que puede entregar a los 70 años: uno repleto de enseñanzas, musicales y de vida. Salvo alguna intrépida incursión en el rock típicamente americano que ha marcado su carrera, en esta vida del tuerto Jack encontramos sobre todo folk y algo de blues. Música labrada en surcos profundos, a veces torcidos, a lo largo de las décadas. Mellencamp suena por momentos cansado, con la voz gastada, pero por eso mismo también suena sabio como los viejos bluesmen que encontraron una inesperada popularidad en los 60 y 70.

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