
Tenía mis dudas a la hora de escoger este disco para la sección. ¿Qué se puede decir, a estas alturas, de una de las obras musicales más influyentes de la historia de la música moderna? Por otra parte, ¿cómo dejarlo fuera de este repaso a los discos más importantes de hace 50 años? El debut de The Velvet Underground nos fascina aún medio siglo después de su lanzamiento, como fascinó a los pocos que se hicieron con él en su momento. Del disco del plátano, portada mítica de Warhol, se dijo lo mismo que de aquel no menos mítico concierto de Sex Pistols: eran cuatro gatos los que estuvieron allí, pero todos ellos sintieron la necesidad irresistible de montar una banda. Estamos ante un disco seminal para multitud de géneros, que aporta literatura y disonancia a la música pop, redefine el papel del batería en el rock y mil cosas más que podrían ocupar (de hecho, ocupan) varios libros. No deberíamos caer en la tentación, sin embargo, de que ese hálito vanguardista que el disco arroja nos impida ver más allá. Aunque los laureles de haber influido a toda una generación (o más) de músicos sean habitualmente para “All tomorrow’s parties”, “Black Angel’s death song”, “European son” o “Venus in furs”, el resto de canciones, extraídas de su contexto y consideradas de forma aislada, resultan no solo memorables sino también destacables entre la mejor producción pop de su época. Caso aparte es “I’m waiting for the man”, que en realidad merecería un libro para ella sola. De este disco nace una rama del rock moderno, por la que deambulan almas extraviadas y músicos inquietos, que sigue dando sus benditos frutos en la actualidad.
Publicado originalmente en el número de marzo de 2017 de la revista Ruta 66
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