
El dúo estadounidense MGMT tomó al mundo por sorpresa con su primer disco, Oracular Spectacular (Columbia, 2008) y tres espléndidos sencillos como «Time to pretend», «Electric feel» y «Kids». Eran el grupo del momento, lo que entonces llamábamos hype. La crítica se deshizo en elogios, la gente compraba su disco, y en tres años habían pasado de jugar con los sintetizadores en su habitación universitaria a telonear a Paul McCartney y compartir escenario con Radiohead. Pero ya sabemos que en este volátil siglo XXI todo lo que sube muy rápido suele bajar a la misma velocidad. ¿Ocurriría lo mismo con este simpático y ocurrente dúo? Veámoslo.
Ahora sois estrellas del rock
Asustados por el inesperado éxito que sus canciones, a todas luces satíricas, habían obtenido, poco después de publicar su álbum de debut MGMT lanzaron un sencillo totalmente anticomercial: «Metanoia». Un delirio psicodélico de más de 13 minutos que prácticamente contenía cuatro o cinco canciones en una. Con ello quizás buscaban lanzar un mensaje de inconformismo, manifestar su voluntad de no encasillarse ni repetirse, de no ser una burbuja más que se infla y explota en un par de parpadeos. O simplemente estaban dando a entender que ellos eran dos chicos que jugaban a hacer canciones, que no debíamos tomarles muy en serio.
En entrevistas de 2008 y 2009 daban a entender que ellos eran los primeros sorprendidos por la repercusión de sus canciones. Lo suyo, dejaban caer, había sido una especie de experimento: buscaban crear canciones insoportablemente pegadizas que, a la vez, criticaran los clichés de la fama, los éxitos repentinos, el estilo de vida de las estrellas del pop. Sin buscarlo, ahora eran ellos los que estaban viviendo esa vida. Andrew VanWyngarden y Ben Goldwasser – hasta ahora no había mencionado los complicados nombres de los chavales – no se sentían nada cómodos con su sobrevenido éxito. Pero, ya puestos, intentarían aprovechar su nuevo estatus para, ahora sí, hacer la música que ellos realmente querían. Al menos esa era su intención.
El difícil segundo disco
Todavía andaban presentando su primer álbum y MGMT ya estaban metidos en el proceso de grabar el segundo. Aunque en 2008 ya realizaron algunas sesiones, el grueso del disco se grabó en 2009. Eran demasiado novatos para soportar la presión de haber pasado de desconocidos a estrellas y estar girando, componiendo y grabando a la vez, así que todo se alargó. Pronto llegaron las tensiones y los bloqueos creativos. Huyendo de aquello en lo que se habían convertido, se trasladaron a Malibú. Allí parece ser que combinaron el consumo de sustancias alucinógenas con clases de surf. Este cambio de contexto reorientó por completo el sonido del álbum hacia algo más orgánico y psicodélico. Es lo que tiene el ambiente californiano.
Las siguientes sesiones de grabación se iban a repartir entre la Costa Este y la Costa Oeste. Mientras tanto Andrew y Ben habían tomado algunas decisiones. No tratarían de repetir lo que les había llevado al éxito, evitarían los sencillos comerciales y buscarían crear un disco que fuera coherente, homogéneo y que la gente tuviera que escuchar entero. Quizás no un disco conceptual, pero al menos uno en el que no hubiera canciones muy dispares ni temas que destacaran comercialmente sobre el resto. Ya entonces la tendencia empezaba a consistir en escuchar los dos o tres sencillos de éxito y no álbumes enteros. MGMT tratarían de cambiar esa tendencia con su siguiente disco, Congratulations (Columbia, 2010).
De Scissor Sisters a Syd Barrett
Todo estaba preparado para que Congratulations no se pareciera en nada a su debut. Prescindieron de Dave Fridmann como productor (aunque finalmente se encargó de las mezclas), y de su tendencia a comprimirlo todo digitalmente, en favor de Peter «Sonic Boom» Kember, cofundador de la influyente banda británica de space rock Spacemen 3. El dúo buscaba un sonido parecido al suyo, ingenioso y desafiante a la vez. Cambiaron los loops electrónicos por teclados vintage, guitarras, arreglos de cuerda y todo tipo de instrumentos raros. Nada de estribillos pegadizos ni de riffs facilones. Si atendemos a los títulos de algunas de sus canciones («Brian Eno», «Song for Dan Treacy») vemos que sus referentes se habían escorado hacia la experimentación y el riesgo. Adiós a Scissor Sisters y la ELO; hola a Love, los primeros Roxy Music y los Pink Floyd más vanguardistas.
Aunque no incluyeron «Metanoia» en el disco, sí que se atrevieron con «Siberian breaks», una especie de folk rock sesentero y psicodélico arrancado de su tiempo que de nuevo trataban como una especie de suite con secciones distintas. La mencionada «Brian Eno» tenía también su parte más experimental, y más arriesgada todavía era «Lady Dada’s nightmare», inspirada en las bandas sonoras de Pink Floyd. «Flash delirium» es una muestra bastante exacta de lo que MGMT buscaban en este nuevo disco. La canción huye de formas predefinidas, esquiva las expectativas del oyente y salta de pasajes más ortodoxos a otros más vanguardistas que por momentos recuerdan al Bowie de Berlín. De repente suenan flautas desafinadas, guitarras distorsionadas y todo termina sin que sepamos muy bien cómo.
«I found a whistle» ofrece como característica más destacada un llamativo contraste entre la supuesta seriedad de su sonido, un folk psicodélico espacial con guitarras acústicas, coros celestiales y sintetizadores vintage, con la excentricidad de una letra sobre encontrar un silbato y usarlo como metáfora de no se sabe bien qué.
El éxito nos persigue… y no somos bastante rápidos
Pero de alguna forma MGMT tenían su destino marcado, al menos para este disco. Como si estuvieran tocados por una varita mágica, incluso cuando querían sonar incómodos y experimentales conseguían crear canciones impactantes y seductoras. Todas las que hemos mencionado tenían algo atrayente, momentos de gran belleza y monumental delicadeza. Incluso los dos minutos y medio de «Someone’s missing», con su evolución progresiva, su forzado falsete y su intento de combinar el pop barroco de Brian Wilson con el sonido de la Motown en poquísimo tiempo, tenía su encanto. Aunque quisieran enrevesar su estilo, eran incapaces de evitar que cada canción tuviera algún gancho, una melodía contagiosa, un momento de ensoñadora belleza. Estaban en estado de gracia y además sus seguidores tuvieron bastante paciencia para soportar sus intentos de complicar su sonido. Pero es que además había premio escondido.
«It’s working» no es «Time to pretend», pero se le parece. Aunque tiene una estructura poco ortodoxa, es inevitable quedarse atrapado en sus cambios de ritmo y velocidad, en la afabilidad de las voces, en el misterio de sus silencios. Una canción que no estaba diseñada como un éxito pop al uso, pero que de alguna forma cautivaba a quien la escuchaba. Lógicamente salió como sencillo, apoyado por el obligatorio vídeo cuidadosamente preparado para captar la atención de la gente.
Nos queda «Congratulations», la canción que le da título al disco. Para mí, la auténtica joya del álbum. Una canción que desprende paz y bienestar aunque empiece con los versos «Dead in the water, it’s not a paid vacation«. MGMT siendo otra vez los The Management que jugaban a hacer canciones irónicas en su habitación. La canción habla de lidiar con la fama, abordando el tema desde un punto de vista ácido y sarcástico. Los aplausos del final no pueden ser otra cosa que una burla hacia ellos mismos. Pero aquí, queriéndolo o no, fabrican un estribillo magnético y sugerente al que es difícil resistirse. Simple pero efectivo. Una fórmula que ya usaban The Clientele o The Sleepy Jackson en sus canciones, espléndidas también, pero que MGMT supieron (o no pudieron evitar) hacer accesible al gran público.
La crítica, como casi siempre, iba despistada con este disco. Para algunos fue un «suicidio comercial», mientras que para otros era un valiente paso adelante. Unos medios veían una vuelta de tuerca al sonido pop clásico en el mismo disco que para otros medios era un ejercicio caótico, incoherente y desconcertante de autoindulgencia. Opiniones tan polarizadas suelen ser signos de que las canciones en cuestión escapan a análisis rápidos y superficiales.
El tiempo es sabio y pone las cosas en su lugar. Viendo lo que han hecho posteriormente grupos como King Gizzard & The Lizard Wizard, Tame Impala o incluso The Lemon Twigs más recientemente, ahora este disco no nos suena tan raro como podía sonar entonces. Para mí es la cumbre de MGMT, aunque repetirían más o menos su fórmula de una cara A más accesible y una cara B algo más experimental en trabajos posteriores como Little Dark Age (Columbia, 2018). Un álbum del que tal vez hable otro día, pero ahora mismo toca escuchar y disfrutar este fabuloso, como siempre en mi opinión personal y subjetiva, Congratulations.
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