
Quizás peque de entusiasta con este disco, pero para mí es la primera gran obra maestra del Synth Pop en los 80. Justamente porque es un disco en el que Orchestral Manoeuvres In The Dark, o lo que es prácticamente lo mismo, Andy McCluskey y Paul Humphreys, consiguieron eso tan raro de encontrar en un disco que es el equilibrio perfecto. Equilibrio entre lo sintético y lo espiritual, entre el plástico y la carne, entre su faceta más experimental y las concesiones comerciales. Entre, como dice el título, la arquitectura (algo físico, tecnológico, frío) y la moralidad (la parte humana, reflexiva, imperfecta). Un título que tomaron de un libro de historia de la arquitectura pero que es perfecto para este disco, como lo es esa portada entre el constructivismo y el minimalismo. Cuenta el dúo que en algún momento alguien de Virgin les animó a decidirse: «¿Queréis ser Stockhausen o ABBA?«. La respuesta que dieron, «¿Por qué no podemos ser ambos?«, está perfectamente encarnada en este magnífico disco.
Architecture & Morality no fue muy bien recibido por la crítica en su momento. Yo mismo, tengo que confesarlo, tampoco lo acabé de entender del todo cuando lo compré unos meses después de que se publicara. Después de escuchar los singles («Souvenir», «Joan of Arc») en la radio, me imaginaba otra cosa, y me encontré un mundo más oscuro, incluso deprimente, de una belleza evidente pero, eso me parecía, fría y aséptica. Parece ser que ni la crítica ni yo (más perdonable en mi caso, tenía 15/16 años) estábamos preparados para entender la originalidad y las avanzadas ideas que había detrás de este tercer disco de OMD.
Orchestral Manoeuvres In The Dark venían de captar mi atención, un año antes, con la maravillosa «Enola Gay». Luego supe que esa canción que me fascinaba era una pequeña anomalía dentro de dos discos, su debut homónimo y Organisation (ambos de 1980), donde esa inmediatez pop asomaba solo en contadas ocasiones entre un mar de pasajes experimentales, sonidos oscuros y una extraña nube de rara melancolía. Una melancolía como la de quien sufre pensando que algún día añorará lo que hoy le es cotidiano y, por tanto, indiferente. Me gusta pensar en Organisation como ensayo, y en Architecture & Morality como obra definitiva.
El inicio de «New stone age» ya resulta llamativo. Al principio suena industrial, algo así como docenas de teletipos transmitiendo a la vez de forma acelerada, antes de que entren unas sorprendentes guitarras en conflicto con un zumbido eléctrico y den paso a una voz esquizofrénica, desgarrada, que hiela el corazón cuando aúlla «Oh my God, what have I done this time«, dejando que el oyente imagine qué terrible conflicto puede esconderse detrás de la canción. Aquí ya se muestran, más o menos claramente, algunas de las señas de identidad del álbum. Tres son, para mí, las más claras: una, apenas hay estribillos vocales, siendo sustituidos en la mayoría de las ocasiones por riffs de teclado, incluso en los temas más comerciales; dos, el tratamiento de las voces y sobre todo el uso de samples con coros y superposiciones de las mismas; finalmente, en tercer lugar, la confrontación entre elementos orgánicos y electrónicos, algo de lo que ya he hablado en la introducción.
«She’s leaving» es una de las grandes canciones del disco. Sorprende que no saliera como sencillo, aunque parece ser que estuvo a punto de hacerlo pero el grupo pensó que ya habían exprimido demasiado el limón con los tres sencillos anteriores («Souvenir», «Joan of Arc» y «Joan of Arc (Maid of Orleans)». A mí me encanta, me parece la cara más amable y entrañable del disco, muestra una faceta de contadores de historias que OMD no explotaban demasiado y que aquí les sale genial. Todo ello sustentado por un bajo misterioso y todo lo demás sintetizadores y cajas de ritmo. Aquí lo más orgánico está en la letra, en la historia.
En «Souvenir» lo primero que encontramos es ese uso de capas vocales superpuestas, justo como lo que hicieron 10cc en «I’m not in love» pero llevado al terreno del tecno pop. Suenan al principio, lo hacen de forma más sutil a lo largo de la canción, y sobre todo vuelven a sonar en el interludio instrumental central. Otra cosa que llama la atención es que canta Humphreys, que en mi opinión debería haberse prodigado más como cantante. La letra es breve pero ya deja asomar ese halo de espiritualidad, al menos de mirada hacia el interior, que impregna buena parte del disco. Y luego, ese maravilloso riff de teclado que hace la función de estribillo, de volver a casa después de cada estrofa. Aunque tuvieron más éxito con sencillos posteriores, para mí «Souvenir» es una de las más grandes canciones que hicieron OMD. Por cierto, no les pegaba nada esos bailes que hacían en sus actuaciones en televisión con el aire más introspectivo de las canciones.
«Sealand» es un tema prácticamente instrumental, y cuando aparecen las letras no se sabe muy bien qué significan. La canción descansa sobre un teclado casi fantasmagórico, aunque después de la breve parte vocal todo se vuelve más difuso y ruidoso antes de que se recupere la melodía hacia el final. Dura más de siete minutos, siendo con mucha diferencia la canción más larga del disco y también la más larga que habían grabado hasta entonces. Creo recordar que cerraba la cara A del casete que compré en su momento, y si no era así debería serlo porque lo que viene después es, para mí, indivisible.
Y es que lo que viene después son las dos secciones de «Joan of Arc», que para mí son dos partes de una misma pieza. En la primera recuperamos como intro esos coros procesados que dan paso a una maravilla de canción que, sin embargo, tiene una letra triste. Parece, así lo veo yo, una continuación de «She’s leaving» y una referencia (presente en ambas) al «She’s leaving home» de los Beatles. Me explico: la entiendo como narrada desde el punto de vista de alguien (padres, pareja…) que ve como una chica a la que ama (hija, pareja…) lo abandona todo por seguir una aparente vocación o visión religiosa. Es la historia de Juana de Arco narrada desde la implicación, desde la incomprensión y el vacío por la pérdida de una persona que se aleja para seguir otro camino en el que ya no hay sitio para el narrador.
Otra novedad de Architecture & Morality, hasta donde yo recuerdo, es el uso del melotrón. Obviamente es lo que suena al principio de «Joan of Arc (Maid of Orleans)», que como he comentado para mí va unida de forma indisoluble a la anterior. El caso es que se trata de la misma historia pero narrada desde otro punto de vista un poco más aséptico y narrativo, con cierta sensación de lamento y alejado de épicas y leyendas. «Joan of Arc» es presentada como la chica idealista que entrega su vida por una causa. Esa percusión marcial, ese sintetizador que suena casi como un ejército de gaitas, nos llevan a aquella época y nos hacen sentir esa misma emoción que embargó a la protagonista y la llevó a escoger su dramático camino. Todavía recuerdo el impacto del vídeo, la primera vez que lo vi. Uno no sabe si sentir pena o admiración ante lo que nos cuenta la canción y las imágenes.
El tema que da título al disco es un instrumental que parece hecho a base de sampleados. Quiero decir, no hay aquí una estructura como en canciones anteriores, ni riffs que enganchen, ni melodías ni nada que se le parezca. Solo partes que, a pesar de que algunas se repiten, resultan algo inconexas e independientes, aunque hay un pequeño riff sintético insistente pero mutate que hace de guía a lo largo de la pieza. «Georgia» vuelve a recuperar el espíritu pop, al menos en sus primeros minutos, pero de una forma un tanto ingenua. Es resultona pero no me encaja del todo con el resto del disco. Además su riff de entrada me recuerda demasiado a «Telegraph», que me parece mejor canción en este estilo pop.
«The beginning and the end» cierra el álbum retomando de alguna forma esa mirada espiritual que en algún momento ha ido asomando a lo largo del disco. Con una letra de nuevo breve y críptica que habla del principio y el final, sobre unos ya familiares y excelsos colchones sintéticos, acaba un disco que ha ido ganando prestigio con los años (y vendiendo millones de copias) pero que, comentaba, en su momento no respondió a las expectativas propias y ajenas. Hasta tal punto que en Dazzle Ships, su siguiente disco, el grupo decidió hacer menos concesiones a la comercialidad. Incluso así les salió un disco soberbio, pero de eso ya hablaremos ( o no, hay tantos discos de los que me gustaría hablar…) otro día.
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