Pet Shop Boys – Actually (1987)

Pet Shop Boys Actually

Los ecos de la reciente actuación de Pet Shop Boys en el Kalorama 2025, que mis compañeros de Muzikalia han narrado espléndidamente, me han hecho recordar la forma en que entraron en mi vida, arrasando con todo. Fue en 1987 con este disco, Actually aunque es cierto que ya llevábamos unos meses escuchando en radios, bares y discotecas himnos como «West end girls», «Opportunities (Let’s make lots of money)» o «Suburbia». Eran grandes canciones, desde luego, pero los 80 estaban repletos de grandes singles que luego no encontraban respaldo en un buen LP. No fue el caso del dúo formado por Neil Tennant y Chris Lowe, por supuesto, que ya en su álbum Please (Parlophone, 1986) dieron buenas muestras de su talento. Pero aunque cronológicamente no fuera el primero, fue Actually (Parlophone, 1987) el primero que compré (en casete, como hacía entonces) y escuché en su totalidad. Hasta la saciedad, empapándome de cada canción, asombrado ante aquel derroche de facultades. Una y otra vez, ya que entonces había que amortizar bien las compras. Esta, desde luego, la amorticé sobradamente y con mucho gusto.

Actually es uno de mis discos favoritos no solo de los 80 sino de todos los tiempos. Los motivos son tanto musicales como extramusicales, pero los primeros son los más importantes. Pocos discos entraron en casa en aquella época que tuvieran tantos temazos, sin relleno alguno. Había además algo en esas canciones, en la producción, en el sonido, que te transportaba a otra época. El tecno pop futurista, hedonista y brillante iba entrando en decadencia, pero quedaban grupos como Tears for Fears, OMD, Depeche Mode y muchos otros que buscaban nuevas direcciones dentro de la electrónica. Pet Shop Boys lo entendieron y supieron hacerse con un sonido personal, llamativo, que nos hacía mirar hacia el futuro pero también hacia el pasado. Un extraño equilibrio entre las promesas del mañana y la melancolía de unos tiempos que ni siquiera habíamos vivido. Esos vídeos evocadores y clásicos, sus escenas en blanco y negro, esos trajes… Incluso el hecho de invitar a Dusty Springfield a un bombazo como «What have I done to deserve this?», una jugada que luego Tennant y Lowe repitieron casi de forma idéntica produciendo el «Losing my mind» de Liza Minnelli. Por un instante, tanto Dusty como Liza vieron sus carreras revitalizadas y tuvieron la oportunidad de darse a conocer a un público más joven.

Pero, insisto, el disco no tiene desperdicio. Desde el arranque con la abrumadora «One more chance» y su fenomenal inicio, electrónico y selvático a la vez, todo es un carrusel de emociones y sorpresas. La propia «One more chance» nos sacude arriba y abajo con sus cambios de ritmo y de texturas, sus contrastes y su tensión contenida que explota en el estribillo, como en muchas de las grandes canciones de pop bailable. Sin tiempo a recuperarse llega la ya mencionada colaboración con Dusty Springfield, otro tema para llenar pistas sin descuidar la calidad.

«Shopping» tiene otro de esos inicios potentes, casi industriales, que les gustaban a Neil y Chris. La canción es pegadiza, otra muestra de esa rara efectividad que los Pet Shop Boys encontraban en los ritmos contenidos, en los juegos entre el minimalismo y la euforia. Su estribillo es de los que se pegan al cerebro y tarda en irse, aunque casi lo mismo podríamos decir de casi todas las otras canciones del disco. «Shopping», por cierto, sorprende también por hacer una ácida crítica del consumismo extremo, del «todo está en venta, todo se puede comprar» e incluso de la forma en la que el sistema nos usa a nosotros mismos como producto. Todo eso en 1987, ojo, casi treinta años antes de que las redes sociales nos quitaran la poca privacidad de la que ya disponíamos.

«Rent» es otra obra maestra de esa electrónica contagiosa pero comedida en la que el dúo eran infalibles. Pocas veces un ritmo prácticamente de metrónomo ha resultado tan efectivo en una canción. Sin grandes alardes, sin efectismos ni explosiones, los Pet Shop Boys crearon una (otra más) de las mejores canciones del momento. Una canción en la que hablaban de otro tipo de transacciones comerciales más personales. Ya sabéis, «yo te quiero, tú pagas mi alquiler«.

«Hit music» podría ser la canción más floja del disco, porque alguna ha de serlo, pero para nada es mala. Quizás tiene menos ganchos, o tal vez ya nos sabemos todos los trucos de esa cara A que se cierra con esta canción. La cara B se abre con «It couldn’t happen here», una bonita, lenta y atmosférica canción cuya autoría comparten con nada menos que Ennio Morricone, que les sugirió trabajar sobre una oscura canción italiana para componer esta preciosidad. Y después de ese remanso de paz, llega otro de los bombazos del disco: «It’s a sin». Una canción que, por comercial que resultara, por muchos éxitos en listas que consiguiera, por muchas veces que haya sonado en la radio, nunca me canso de escuchar. Además en este caso, por potente que sea el estribillo, me quedo con la melodía vocal del resto de la canción y con esa forma de enlazarlas con sus puntos culminantes. Como por ejemplo, ese puente que pide perdón bien insertado dentro de una letra repleta de imaginería religiosa pero también de crítica a la encorsetada sociedad británica y su rígida educación.

«I wan’t to wake up» es otro respiro, una parada para tomar aliento antes de que llegue otra de mis canciones favoritas del disco, «Heart». Una canción que salió con dos producciones distintas, una para el sencillo y otra para el disco. No importa, cualquiera de las dos es un temazo. A estas alturas ya queda claro que Pet Shop Boys, con apenas dos discos, se han convertido en grandes maestros a la hora de combinar provocación, crítica, una particular visión de las relaciones amorosas, ritmos pegadizos, invitaciones a la pista de baile y una refinada elegancia que les hacía destacar como una rara avis dentro de los excesos estilísticos de los 80.

El disco se cierra con otra maravilla titulada «King’s Cross». Su título hace referencia a una estación de tren que sirve como puerta de entrada a tanta y tanta gente que emigraba a Londres en busca de un futuro mejor. No olvidemos que estamos en la época dura del Thatcherismo, y aunque Pet Shop Boys pudieran dar una imagen indolente y escapista, ellos no eran para nada ajenos a la situación de su país. Esta canción, entre otras, es prueba de ello. «King’s Cross» no salió como sencillo ni sonó en las emisoras, y en esa época no había forma de escucharla si no te hacías con el disco. Dice Tennant que es una de sus composiciones favoritas. Si él lo cree así, yo no soy nadie para llevarle la contraria.

Aquí tenéis Actually, una de las varias obras maestras de Pet Shop Boys pero sin duda la que más me impactó en su momento, para que la escuchéis si no lo habéis hecho nunca, o la recordéis si, como yo, vivisteis aquellos años emocionantes que nos cargaron de ilusión antes de lanzarnos de cabeza a la decepción.


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