Neil Young – Are you passionate? (2002)

Neil Young - Are you passionate? portada

Neil Young ha tomado carrerilla en estos últimos años, publicando discos a un ritmo que apenas podemos seguir. Eso, al menos en mi caso, tiene un cierto efecto disuasorio que me hace perder interés en cada nuevo lanzamiento. KO por agotamiento. Cuando tenemos mono de su música siempre podemos volver a sus clásicos, pero hoy quiero reivindicar un disco considerado menor, incluso un paso fallido en su discografía. Como estáis a punto de comprobar, no estoy de acuerdo.

Lo primero que llama la atención de este Are You Passionate? (Reprise, 2002), es su aroma soul. No es de extrañar, ya que por allí andaban nada menos que Booker T. y sus MGs, la banda residente en los buenos años de Stax. El canadiense había girado con ellos en algunas ocasiones durante los 90, pero casi nadie esperaba que grabaran un disco juntos con canciones nuevas. La crítica, prácticamente en su totalidad, lo despellejó. El principal motivo era que las canciones sonaban todas muy parecidas y descafeinadas. Puede que para un gran fan del Young eléctrico fuera una decepción, pero para mí fue todo lo contrario. Además me pilló en un buen momento para estar receptivo a este tipo de canciones.

El arranque con «You’re my girl» es, en sus primeros segundos, toda una gloriosa referencia al soul de los 60. Luego entra la voz de Neil Young con su particular falsete y ahí supongo que a muchos se les desinfla el globo. A mí no, ese romanticismo sencillo y suave que desprende la canción me atrae, me gusta. «Mr. Disappointment» me pareció en su momento una maravilla y me lo sigue pareciendo. Esa guitarra distorsionada, ese poso blues a lo Gary Moore, el recitado de Young… En este caso la letra se va al otro extremo del amor, a la lucha por conservar una relación, la asunción de culpa, el dolor. El estribillo es una de las cosas más bonitas y a la vez devastadoras que uno puede estar escuchando a medianoche, con auriculares.

I’d like to shake your hand,
Disappointment.
Looks like you win again,
But this time might be the last.

Estas dos canciones le ponen a uno en modo tontorrón y dispuesto a tragarse lo que venga después. Lo que viene es «Differently», una canción que no es nada del otro mundo y que sigue con la temática romántica aunque con algo más de ritmo. «Quit (don’t say you love me)» repite tema y postura: canta Neil Young a su pareja que «la ha tratado mal» y que «lo hace lo mejor que puede». Esa asunción de culpa y búsqueda de redención le da al disco un toque de fragilidad sincera que conmueve, al menos a mí. Luego supe que Neil Young atravesaba un mal momento en su matrimonio de tantos años con Pegi Morton, y que este disco, en su mayoría, era su forma de intentar arreglar las cosas. Quizás la canción no da para los seis minutos que dura (otro aspecto que se criticó en su momento era el excesivo minutaje de las canciones), pero tiene sutiles matices vocales e instrumentales que ahuyentan el aburrimiento.

«Let’s roll», seguro que lo sabréis, es la canción que escribió Neil Young en homenaje a las víctimas del 11M, en concreto a los héroes y heroínas del United Airlines Flight 93 que dieron su vida para impedir que los terroristas estrellaran el avión contra su objetivo. La canción emociona por su contenido, más que nada. «Are you passionate?» retoma el tema romántico y también ofrece uno de esos emotivos riffs de guitarra que abundan en el disco. Una canción que hay que escuchar olvidándose del Neil Young de los Crazy Horse. Que, por cierto, también aparecen en el disco aunque solo una vez: en «Goin’ home». No me parece mala, pero lo que el resto critican a las canciones con los MGs (demasiado larga, demasiado repetitiva) me sirve a mí para criticar esta.

«When I hold you in my arms» es, quizás, la que mejor logra esa atmósfera soul que se buscaba para el disco. Sin altibajos, sin asperezas, con el legendario sonido del órgano de Booker T. de fondo, con una suave cadencia melódica que contrasta con la efusividad de «Be with you», bordada sobre similares parámetros pero más ágil y, por entendernos, más Stax.

Ay… El disco podría acabarse aquí y me gustaría incluso más, porque tanto «Two old friends» como «She’s a healer», aunque no me desagradan, se me hacen largas. La primera dura seis minutos y la segunda se va hasta los nueve, lo cuál no es malo en sí mismo pero es que no hay demasiados motivos que lo justifiquen. Es cierto que «She’s a healer» tiene momentos instrumentales que harán las delicias de los amantes del soul psicodélico, del Clapton más blues e incluso de la sofisticación y elegancia de Steely Dan, pero acaba haciéndose repetitiva y algo pesada.

En todo caso, creo que estamos ante un buen disco cuyo pecado fue, seguramente, no ser lo que la gente esperaba de Neil Young. A mí, como no esperaba nada, no me pudo decepcionar. Aquí lo tienes por si no lo has escuchado y quieres formarte tu propia opinión, que si quieres me puedes dejar en los comentarios.


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