Queen – Queen II (1974)

Quienes solo conozcan la faceta mainstream de Queen, sus grandes éxitos, sus discos de los 80 y sus legendarios conciertos multitudinarios, harían bien en explorar los discos que hizo la banda antes de la omnipresente «Bohemian Rhapsody». En sus primeros años el grupo de Mercury, May, Deacon y Taylor era excitante, arriesgado e innovador. Una banda que se movía con soltura en la intersección entre el rock clásico, el glam rock y el art rock. Aunque ahora esté de moda atizarles (no solo ahora, en su momento este disco recibió alguna crítica sangrante), escuchar sus primeros discos con una mente abierta es un ejercicio estimulante que guarda algunas recompensas. Especialmente, en mi opinión, este segundo trabajo homónimo que además cuenta con una de las portadas más icónicas del rock, obra de Mick Rock.

Queen II es el disco con el que Queen, especialmente Freddie Mercury, destapan el tarro de sus esencias, se liberan de complejos y se lanzan a experimentar con todas sus posibilidades. Freddie empieza a coger las riendas artísticas del proyecto, y se nota su ambición. De hecho aquí podríamos hablar, en lugar de una cara A y una cara B, de una «cara May» y una «cara Mercury». La primera se abre con el instrumental «Procession» antes de adentrarse en un fantástico carrusel que explora todas las aristas del hard rock y el rock clásico. «Father and son» es un espléndido tema en el que Queen muestran sus dos facetas, la más rockera y la más artística, como también ocurre en «White Queen (as it began)». El trabajo con las guitarras de Brian May en «Some day one day» es espectacular, y la canción de Taylor, «The loser in the end», es un gran cierre de la cara A.

La cara B, o «cara negra» como también solían llamarla, es el vehículo para que Mercury pudiera expandir toda su creatividad y su fantasía. Personajes de cuentos medievales, países míticos, ogros y reinas negras se pasean por esta segunda tanda de canciones. Entre ellas hay piezas más directas como la conocida «Seven seas of Rhye», la breve pero bellísima «Nevermore» y el folk enrevesado de «Funny how love is», pero también encontramos la suite «con pie y medio en el art rock, combinando temas cortos y directos («Seven seas of Rhye») con una suite llamada «The march of the Black Queen», con un pie en el rock progresivo y otro en el art rock, que anticipa la faceta más operística del grupo, una línea de acción que llevaría en un par de años a la antes mencionada «Bohemian rhapsody». Aquí, sin embargo, se queda en un amago, una especie de ensayo general que, de todos modos, no desentona en el disco. Al menos en esta aventurera cara B.

Un disco injustamente olvidado (no para los verdaderos fans de Queen) quizás justamente por no incluir ninguno de esos ampulosos temas que luego nos gusta tanto criticar. Queen II merece una oportunidad, te animo a dársela ahora mismo.


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