
Es complicado saber qué hubiera sido de Big Brother and the Holding Company de no haberse cruzado en su camino Janis Joplin. En un escalón inferior si los comparamos con otras bandas con las que compartían escena (Gratefuld Dead, Quicksilver Messenger Service, Jefferson Airplane…), no podemos evitar reparar en lo desconocidos que son sus discos posteriores respecto a los que lanzaron con la genial vocalista al frente. Especialmente brillante es este Cheap Thrills (Columbia, 1968), considerado uno de los grandes discos de la era psicodélica y quizás de todos los tiempos. Su grandeza empieza en la portada, obra de Robert Crumb, sugerida por la propia Janis Joplin cuando el sello se negó a incluir en la cubierta una foto de la banda en cueros. Pero hablemos de la música, claro.
Conseguir que un álbum con cuatro temas originales y tres versiones aparezca en todas las listas de discos históricos es algo que hay que agradecer a las interpretaciones de Joplin. Ella hizo suya «Piece of my heart» hasta el punto de que no podemos imaginarla en otra voz, y otro tanto ocurre con su «Ball and Chain»: casi diez minutos de paroxismo interpretativo que posiblemente contribuyeron tanto como el «Hound Dog» de Elvis a que la gente pusiera sus ojos sobre Big Mama Thornton. «Summertime» quizás se queda algo atrás, y es que competir con las grandes versiones que ha conocido el clásico de los Gershwin y DuBose Heyward no es tarea fácil. Tres piezas antológicas que esconden el brillo de otras como «I need a man to love» que no desmerecen en absoluto.
(Texto publicado originalmente en el número de septiembre de 2018 de la revista Ruta 66)
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