
En un mundo tan insoportablemente polarizado como el nuestro, cada vez más sobre todo desde que existen las redes sociales, hay que escoger casi entre cualquier cosa. Estás con unos o con otros, eres de este o de aquel. Echo de menos los tiempos en los que, al menos en lo musical, en el ambiente flotaba un sano eclecticismo, al menos para los chiquillos inocentes que nos iniciábamos en el mundillo. No había que escoger, ni las radios te obligaban a escoger: en un minuto podía estar sonando Pink Floyd, y al siguiente los Pecos; ahora AC/DC y después Miguel Bosé. Lógicamente habían cosas que te gustaban más que otras, pero todo compartía espacio y luego los gustos de cada uno hacían el resto.
Esos gustos, de todos modos, marcaban ciertas líneas rojas para los aficionados más recalcitrantes, sobre todo en determinados géneros. Es por eso que publicar una canción como «Give a little bit» – himno al buen rollo donde los haya – en el año del «no future» sólo podía traerle a un grupo el desprestigio eterno. Y así fue: Supertramp son, desde entonces, uno de los grupos más odiados por los fanáticos más cerrados del punk y el rock. Es lógico, puesto que representan todo lo contrario: la despreocupación frente al activismo, la amabilidad frente a la rabia, la candidez frente al nihilismo. Puedo entenderlo, aunque no lo comparta.
«Give a little bit» es la canción más popular de Even In The Quietest Moments, disco publicado por Supertramp en 1977. El del famoso piano con la nieve. Una canción que, por mucho que intentes aborrecerla, creo sinceramente que es imposible. Aunque no seas fan de Supertramp, y a no ser que les hayas jurado odio eterno sin ninguna posibilidad de absolución, es justo reconocer su alegría, su desbordante y pegadiza sencillez. La guitarra de 12 cuerdas de Roger Hodgson suena exultante, remite al alborozo juvenil de los primerizos Byrds. De hecho Hodgson la compuso antes de cumplir los 20 años, con lo cual desprende una inocencia que puede resultar boba para algunos, pero a otros nos da un asidero al que aferrarnos en momentos difíciles. Una canción diseñada con voluntad de llegar a la gente, pero en un sentido más profundo que comercial. Todavía hoy, es uno de los momentos culminantes de los conciertos de Roger en solitario, una canción que genera una profunda comunión con el público.
España no era Inglaterra a finales de los 70, aquí todavía había una cierta esperanza de cambio y mejora donde en el Reino Unido había solo desesperación y rabia. Tal vez por eso una canción como «Give a little bit» triunfó en nuestro país, donde alcanzó el número 1 en el mes de diciembre de 1977, mientras que en Inglaterra apenas llegó al puesto 29.
Olvidemos durante unos minutos nuestros problemas para sumergirnos una vez más en la belleza simple y tal vez ingenua, pero emotiva y casi mística, de «Give a little bit».
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