
Si el concepto de honestidad puede aplicarse a la música, a los músicos, entonces El Ser Humano, o lo que es lo mismo Gonzalo Fuster, es sin duda uno de los artistas más honestos de todo el globo terráqueo. Un tipo comprometido consigo mismo, con sus emociones, su vida, su tiempo, su familia y, last but not least, con su obra y su independencia creativa. Él decide cuándo, cómo y con quién, y en esa condición de anacoreta artístico, de ermitaño de sí mismo, ha encontrado la estabilidad creativa y personal.
Una condición que le ha llevado a pasar, en un par de años, de vislumbrar la posibilidad de abandonar la música a lanzar un disco tras otro, cambiando de nombre y de estilo, en función de lo que el cuerpo le ha ido pidiendo en cada momento. Cuando El Ser Humano parecía finiquitado, surgió Gran Camino; después vino la inesperada resurrección de su proyecto principal con Casa (2019) y el año pasado, como Gonzalo Fuster, publicó Almacenero Marx. Una sucesión de trabajos tras los que parecía subyacer una búsqueda creativa que le iba llevando a reducir cada vez más los ornamentos sonoros para intentar encontrar la esencia de su arte. Búsqueda que le llevó a un minimalismo doméstico – con protagonismo de su mujer, su hijo y su hija, bromas familiares, sonidos ambientales – que quedó finalmente reflejado en el mencionado Casa (Discos Belamarh, 2019).
(leer el artículo completo en Muzikalia)
ENTRADAS RELACIONADAS:
Gonzalo Fuster – Almacenero Marx (2020)
Descubre más desde Música Para Leer
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Deja un comentario