
Desde que publicó el espectacular Modern Blues (Cooking Vinyl, 2015), una grandiosa revisión de sonidos americanos, conciso y directo, Mike Scott – que es lo mismo que decir The Waterboys – parece haber descubierto la modernidad. Al mismo tiempo, quizás abrumado por sus posibilidades, como un niño al que le regalan su primer móvil, ha abrazado cierta incontinencia musical que tal vez nos esté privando de obras maestras al nivel de su primera etapa en los 80. En la época de Spotify cualquiera puede hacerse una sabrosa playlist de 15 canciones con lo mejor de Out Of All This Blue (2017), Where The Action Is (2019) y este Good Luck, Seeker (2020) que nos ocupa en estos momentos, pero para los que todavía valoramos el formato físico, y la coherencia del álbum como objeto con el que trabar un diálogo, no es lo mismo.
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