Bee Gees – 1st (1967)

Cómo ya he comentado alguna vez, incluso en este mismo blog, estamos un poco en deuda con los Bee Gees. Sí, es evidente que triunfaron y que más en deuda estamos, seguro, con otros grupos de gran calidad que no tuvieron tanta suerte, pero me refiero a que me parece injusto que solo se les recuerde por su etapa discotequera. Sobre todo, me parece injusto que se les desprecie por ello. En primer lugar, porque sus discos de música “disco” suponen un pequeño porcentaje del total de trabajos discográficos de los Bee Gees. En segundo lugar, porque esos discos de música “disco” son, posiblemente, los mejores que ha dado el género en manos blancas. Otros grupos (no voy a mencionar a nadie) también lo intentaron y fracasaron estrepitosamente. Al menos los Bee Gees lograron el éxito, además por segunda vez en su carrera y haciendo algo totalmente diferente. Una reinvención así no está al alcance de todo el mundo. Pero a lo que íbamos, a sus orígenes.

En el otoño de 1966, tres hermanos australianos llegan a Inglaterra siguiendo el sueño de cualquier chaval en aquellos años: formar un grupo y tener éxito. Los hermanos respondían a los nombres de Barry (21 años), Robin y Maurice (gemelos de 18 años). Les acompañaba un amigo del instituto, el batería Colin Petersen. Se les unió también Vince Melouney, y formaron los Bee Gees. No eran unos recién llegados al mundo de la música, puesto que en Australia incluso habían llegado a editar algunos discos, así que conocían los entresijos de las grabaciones y las discográficas y en poco tiempo habían empezado a grabar su debut internacional. Un disco que, aunque como hemos comentado no era el primero de su carrera, sí que era su debut profesional por lo cual fue bautizado, convenientemente y sin mucha imaginación, como First (primero). Nada que objetar, teniendo en cuenta, por ejemplo, que el grupo Chicago lleva 40 años llamando a sus discos por el número de orden o que los primeros cuatro discos de Peter Gabriel o Led Zeppelin también se conocen básicamente por su número de orden. En cualquier caso, un detalle menor.

Es importante destacar que, sí eres de los que odias a los Hermanos Gibb por sus falsetes, este disco contiene muy pocos, así de memoria igual puede que ninguno. Lo que nos ofrecen en First es un tratado de pop psicodélico juvenil, introspectivo, sin sobredosis de estupefacientes y quizás incluso cercano al pop barroco. Un cruce entre los Beatles de Revolver, los Love y el pop pegadizo de los Hollies. Todo ello convenientemente agitado y aderezado con algunas gotas de, como he comentado, pop barroco (“Turn of the century”), melancolía que roza la ñoñería – pero recordamos que apenas tienen 20 años – como en «Holiday» o «One minute woman»,  y coqueteos con el caos y el ruido, raro en ellos pero detectable en «Red chair, fade away». Curiosamente, cuando intentan – no sé si de manera deliberada – imitar el pop psicodélico de los Beatles resultan ser esos los temas menos exitosos del disco si los comparamos con los que veremos después: «I close my eyes», «Please read me» o sobre todo «In my own time». Otra canción curiosa, porque en este caso a quienes parecen estar copiando es a los Kinks, es «Craise Finton Kirk Royal Academy of Arts», un título muy Davies y una canción también muy Davies, sobre todo parecida a lo que harán los Kinks en el Something Else que saldrá poco después que First.

Los temas más conocidos del disco, los que aparecen en todas sus grandes recopilaciones, son por supuesto «Every Christian lion hearted man will show you», «New York mining disaster 1941», «To love somebody» y quizás «I can’t see nobody».

En «Every Christian lion hearted…» el entonces quinteto sorprende con el uso de cantos gregorianos y la introducción del mellotrón, un instrumento que todavía no estaba en fase de experimentación en la música popular y que emparenta a los Bee Gees con unos Moody Blues primerizos más que con los referentes antes mencionados. Por su parte, «New York mining disaster 1941» nos devuelve a la influencia Beatle, hasta el punto de que, cuentan, hubo gente que pensaba en su momento que se trataba de un nuevo single de Lennon & McCartney. Hay rasgos distintivos, por supuesto, que le dan a la canción la personalidad y el lustre que la ha hecho famosa: el inicio casi a capela, la escasez de instrumentación en las estrofas previas al estribillo, y también la tétrica temática de la canción (un minero moribundo atrapado en una mina). Curiosamente, las guitarras y baterías se animan en el supuesto estribillo, compuesto por las palabras del minero en su agonía. Una de esas canciones que todo el mundo toma por alegre cuando en realidad es bastante trágica. El grupo Chumbawamba hizo una versión recién arrancado el nuevo siglo.

«To love somebody» es, quizás, la canción más conocida del disco. A veces creo que también la mejor, aunque la letra es francamente mejorable. Sin embargo, recordemos una vez más que estamos ante unos chicos que en algún caso todavía no ha cumplido los veinte años, así que les perdonamos las rimas facilonas y su visión ingenua del amor. «To love somebody» ha sido versionada por Janis Joplin, Nina Simone, Rod Stewart, Roberta Flack o Billy Corgan, entre otros muchos grandes nombres. Un baladón épico que abre un camino por el que los Bee Gees transitarían más adelante en multitud de ocasiones. Similar es «I can’t see nobody«, otro tema de amor complicado pero esta vez un poco más contenido en su estilo.

Las otras dos canciones que no he mencionado son «Cucumber Castle», que daría nombre a un disco que grabaron los Bee Gees en su época como dúo tras la salida temporal de Robin Gibb. Una canción interesante por su desarrollo casi progresivo, por la orquestación y por unas letras algo más elaboradas que en otras canciones, con una temática que puede recordar a la de «Hotel California» de los Eagles. Por su parte, «Close another door» cierra el disco con otra introducción a capela que contrasta con el eufórico estribillo, otra vez con los Beatles como referencia. Una alternancia interesante entre estrofas que parecen nanas y otras con un aire festivo totalmente desenfadado que hace que alguien definiera la canción como «psicodelia para niños».

Un disco sorprendente para unos chavales casi desconocidos fuera de Australia que llegó al top-10 en el Reino Unido y en Estados Unidos, además de en otros países europeos, y que merece una oportunidad si no lo has escuchado. Acércate sin miedo, aunque seas de los que se ponen ante el espejo, dicen tres veces «Bee Gees», y se les aparece un tipo barbudo con la camisa desabrochada, con pantalones de campana y gritando en un falsete insoportable. Vale la pena intentarlo.


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