A Flock of Seagulls – A Flock of Seagulls (1982)

En los últimos años 70 y primeros 80, todos los que éramos adolescentes (o casi) vivíamos ilusionados por lo que nos podía esperar cuando creciéramos. Se nos vendía un futuro plastificado, sintético, computerizado, tecnológico. Llegaban los primeros videojuegos a los bares, en el cine veíamos guerras galácticas, replicantes, extraterrestres… Muchas de las cosas que entonces se nos anunciaban se han cumplido. También hemos llevado las comunicaciones, la telefonía y la informática a cotas que casi no podíamos ni imaginar. Pero muchas otras cosas se han quedado en el tintero. Los coches no vuelan, no hemos llegado a Marte, no hay bases en la Luna, no tenemos robots que nos preparen la comida y nos hagan las tareas de la casa… Bueno, esto último un poco sí. Pero no exactamente como nos lo pintaban.

La música de aquellos años también se sumaba a esa fascinación por el futuro. De hecho creo que aquella música, su sonido su imagen y su mensaje, era mucho más moderna que la supuesta música moderna de hoy. Pero eso es otro debate. Me apetece recordar aquellos momentos, aquellos grupos cuya mayor aspiración era adivinar el futuro en sus canciones y anticiparlo en sus vestimentas, imagen y actitud. Grupos y artistas que cantaban sobre ser abducido, enamorarse de un robot, mensajes desde los anillos de Saturno, computadoras dominando el mundo… ¿Alguna vez volveremos a estar tan fascinados por el futuro? Me temo que no, porque el futuro ya está aquí y no es exactamente como nos habían anunciado.

Entre esos grupos destacada, al menos visualmente, uno que estaba liderado por un peluquero. De hecho lo más notable del grupo era sus cortes de pelo. La MTV acaba de arrancar y necesitaba material audiovisual potente, futurista, preferentemente (y lamentablemente) de grupos blancos. En ese momento y lugar adecuados estuvieron A Flock of Seagulls. Un grupo cuya música costaba ubicar, aunque entonces no nos importaba demasiado. Eran tecno-pop, pero en sus canciones se oían más guitarras y más potentes que en las de OMD, Visage y Depeche Mode, por poner tres bandas que nos fascinaban. ¿Eran Nuevos Románticos? Podrían parecerlo por sus peinados y sus vestimentas, pero su música les desmarcaba bastante de grupos como Spandau Ballet o Adam and the Ants, etc., mientras que su imagen tal vez sí les podría emparentar con Duran Duran.

En 1982 A Flock of Seagulls debutaron con un disco homónimo repleto de bombazos para la pista de baile. La de entonces, cuando todavía ponían canciones y no refritos. Sus letras esotéricas y sus pegadizas canciones compensaban sus imposibles y ridículos cardados. Yo no bailaba mucho, pero si sonaba «I ran» o «Modern love is automatic» era imposible resistirse. Luego está la menos conocida pero igualmente potente «Telecommunication”. Banda sonora de los primeros flirteos amorosos en discotecas, constantemente interrumpidos por alguna de estas – u otras – irresistibles canciones.

Pero hay más: el acelerado inicio de «Don’t ask me«, el muro de sonido de «Space age love song» y la belleza de sus armonías vocales, la críptica letra de «Message«… No podía faltar la inevitable referencia a una humanidad dominada por las máquinas, una de las obsesiones de la época junto al peligro nuclear, en «Manmade«. O la paranoia de “Standing in the doorway” con su intro amenazante que de repente se expande en un inesperado riff de guitarra… ¡de guitarra de verdad! ¡Si es una canción casi rock! Es increíble, una canción por la que hubieran matado Ultravox o muchos de los grupos “oscuros” de inicios de la década y aquí pasa casi desapercibida. Y qué de decir de «D.N.A.«, un tema instrumental medio de relleno pero con una referencia clara en su título a ese misterioso componente humano que entonces era el no va más del futurismo y la ciencia-ficción. Otra pequeña decepción: hoy vemos en los episodios de C.S.I. como sólo hace falta un bastoncillo para las orejas, un posavasos que da vueltas y unos minutos para desentrañar todos sus secretos.

A Flock of Seagulls fue uno de aquellos grupos que, en los primeros 80, estimulaban mi pobre cerebro de quinceañero con referencias plásticas, místicas, cabalísticas, futuristas y visionarias del mundo por venir. Un mundo que resultaría arrasado por las armas nucleares, invadido por los alienígenas, o devorado por hormigas y cucarachas mutantes. Todo ello sería observado desde la distancia por los afortunados supervivientes que amenizarían su estancia en la Estación Orbital escuchando vieja música de los 80, haciendo el amor por videoconferencia y comiendo exquisitos manjares sintéticos en forma de píldora.


Descubre más desde Música Para Leer

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑