
Confieso que la crítica de discos es un género que siempre me ha resultado incómodo. ¿Cómo juzgar una obra de arte sin conocer al dedillo las intenciones de su autor? Es cierto que hay discos que producen más vértigo que otros: algunos tienen el recorrido más corto, carecen de más pretensión que el puro entretenimiento, o se limitan a repetir clichés exitosos en su estilo. Pero luego están aquellos en los que el contexto o la intención importan lo mismo, o quizás más para su interpretación, que su propio contenido. Discos que rehúsan un análisis estrictamente musical, que de producirse se quedaría tan corto como decir que Casablanca es una película de espías o Centauros del Desierto una de vaqueros.
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