
La tentación de vivir exclusivamente para uno mismo, de dejarse arrastrar por la comodidad del egoísmo, es demasiado atrayente como para poder resistirse a ella durante toda una vida. Con el desarrollo de las civilizaciones modernas y la aparición del capitalismo hemos sido absorbidos por la idea, no por fundamentada menos perniciosa ética y moralmente, de que nuestra supervivencia depende cada vez menos de los demás y más de nosotros mismos. Esa creencia, si nos aferramos absolutamente a ella, nos lleva a cerrar los ojos ante los problemas ajenos para preocuparnos solamente de los nuestros. Los sentimientos de solidaridad y altruismo, que deberían ser consustanciales al ser humano, se convierten así en notables, casi en actos de heroísmo.
(leer el texto completo en Lecturas Sumergidas)
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