
Hace unos días me enteré del fallecimiento de Eduardo Rodríguez Rodway, miembro fundador de Triana. De hecho era el último miembro vivo de su formación original, si entendemos esta por el trío compuesto por Jesús de la Rosa (voz y teclados), Juan José Palacios «Tele» (batería) y el propio Eduardo (guitarra). Un trío que recorrió un camino impresionante en menos de diez años, consolidando un estilo propio que, aunque no lo inventaran ellos al cien por cien (luego hablaremos de Nuevos Tiempos), sí que lo desarrollaron hasta hacerlo reconocible, influyente y, al final, accesible y exitoso. Sus tres primeros discos son seminales, únicos dentro del panorama rock en castellano. Todos ellos acabarán apareciendo en el blog en algún momento, pero hoy, como homenaje a Eduardo, voy a hablar de su debut: El Patio (Movieplay, 1975).
Antes de Triana
El Patio no salió de la nada, ni tampoco Triana. Antes de llegar a la formación clásica existió un grupo llamado Tabaca donde militaba Eduardo, que venía de triunfar con Los Payos y la canción «María Isabel», junto a Carlos Attias y Emilio Souto. Tras la marcha de Carlos y Emilio se incorporaron al grupo Jesús de la Rosa y Juan José Palacios «Tele». Jesús procedía del grupo Nuevos Tiempos, una banda pionera en la fusión del flamenco con el rock sinfónico y progresivo. Llegó para cantar y tocar el bajo, pero pronto se puso al mando de toda la parte de teclados y sintetizadores. «Tele», por su parte, había pasado por varios proyectos entre los que encontramos otro de los nombres seminales del rock andaluz, Gong.
En algún momento entre Tabaca y su reconversión definitiva en Triana, también pasaron por allí Dolores Montoya y Manuel Molina, que pronto abandonarían el grupo para triunfar por su cuenta como Lole y Manuel. Sin malos rollos: su famosa canción «Todo es de color», que también aparece en El Patio, cuenta con «Tele» Palacios como coautor.
El Patio: puntal del rock progresivo andaluz
En 1974 Triana grabaron su primer sencillo oficial: «Bulerías 5×8». Producido por Teddy Bautista, resultó un fracaso comercial aunque luego sería recuperado como «Recuerdos de una noche» para su álbum de debut. A pesar de ello, de alguna forma la canción llegó a oídos de Gonzalo García Pelayo, quien decidió fichar al trío para su sello Gong, dependiente de Movieplay. Ya afincados en Madrid, a Jesús, Eduardo y Juan José les llegó entonces la oportunidad de grabar todo un disco, además con total libertad creativa.
El resultado de esas sesiones fue este magnífico disco conocido como El Patio. Y digo conocido porque oficialmente no tiene un título específico, en portada solo aparece un dibujo inspirado en una foto que finalmente le dio nombre al álbum, aunque en la contraportada sí que se ve un pequeño cartel donde pone «El patio». El autor de las fotos y también del arte del disco es, por cierto, Máximo Moreno.


Como Jesús se centró en cantar y manejar cualquier cosa que tuviera teclas, llamaron a Manolo Rosa (antiguo compañero de Jesús en Nuevos Tiempos y componente de Alameda) para que se ocupara del bajo. También aparece acreditado Antonio García de Diego (como Antonio Pérez), quien más adelante se convertiría en colaborador habitual de Joaquín Sabina, encargándose de la guitarra eléctrica.
Según cuenta García Pelayo, el grupo llegaba al estudio con las canciones prácticamente terminadas. Los sonidos de los teclados de Jesús, junto a su particular forma de cantar, le dieron a las canciones un toque que resultaba a la vez local y universal. Las cadencias y tonalidades de las canciones sugieren flamenco, o al menos esencias andaluzas, pero la instrumentación es más propia del rock progresivo. Jesús fue tajante respecto a la posibilidad de suavizar su acento andaluz para hacer «menos andaluz» el disco, y desde luego fue todo un acierto. El contraste entre su dicción y la guitarra flamenca por un lado, el sintetizador (o sintetizadores) y la atmósfera psicodélica / progresiva por otro, es todo un hallazgo y un hito en la música rock española.
Las canciones de El Patio
Es imposible destacar solo una, ni siquiera dos, entre todas las canciones que componen esta obra maestra. Son siete temas, varios de ellos de más de seis minutos de duración, inmejorables en su visión de combinar sonidos, armonías y cadencias específicamente andaluzas con el rock progresivo más internacional.
«Abre la puerta», la primera canción, se va hasta los nueve minutos de duración. De ellos, los dos primeros definen el estilo de Triana: el Moog o el Mellotrón, no estoy seguro, convive con la guitarra flamenca de una manera tan natural que parece como si hubieran caminado de la mano toda una vida. Entonces suena un gong, entra la voz, y la poesía de la letra resulta tan abrumadora como la belleza de la música. Es sorprendente que con mimbres tan distintos pudiera confeccionarse una obra tan sólida. Una especie de sombra melancólica atraviesa prácticamente todo el disco, aunque los destellos de luz en las letras son otra de sus genialidades. Buena parte de la culpa la tiene el uso insistente de la tonalidad en re menor y la progresión de acordes conocida como «cadencia andaluza».
Cuando suena «Luminosa mañana» ya empezamos a vislumbrar otra de las características fundamentales de Triana: sus letras. Compuestas casi exclusivamente por Jesús de la Rosa, combinan visiones poéticas de la naturaleza y la vida, gritos escondidos de libertad, una sensibilidad intensa y particular, cavilaciones existencialistas y reflexiones que son a su vez profundas y metafóricas. La frase «Hoy he visto la luz que todos llevamos dentro» puede sonar cursi a primera vista, pero en su contexto y tal como la canta Jesús pone los pelos de punta. Las ansias de libertad y de cambio se filtran en unas letras que, recordemos que estamos todavía en dictadura (abril del 75), no podían ser demasiado explícitas. «Abre la puerta» lo deja entrever, y «En el lago», considerada por muchos como la cúspide del disco (no es mi caso), lo confirma.
La invitación a romper moldes, a buscar nuevos horizontes, es constante en casi todas las canciones. Un deseo envuelto en una poesía mística, pero incluso así es bastante notorio. La libertad y la igualdad están a nuestro alcance si nos lo proponemos. Un mensaje que, aunque no podía ser abiertamente explícito ni por supuesto con claras connotaciones políticas, se entiende perfectamente en la que para mí (ahora sí) es la cumbre del disco: la maravillosa e incomparable «Sé de un lugar». Siete minutos de abrumadora belleza sonora y lírica, de gritos de libertad. Jesús quiere llevarnos a un lugar «donde brotan las flores«, «donde el río y el monte se aman» y «donde el niño que nace es feliz«. Un lugar donde «construiremos nuestra casa, que la bañe el sol». Una obra maestra del rock progresivo en castellano y en cualquier idioma que todavía me pone los pelos de punta (y no solo por la letra) a pesar de haberla escuchado centenares de veces.
No puedo dejar de mencionar «Recuerdos de una noche», que es aquella primera canción grabada con Teddy Bautista pero reciclada, o la bellísima «Diálogo». Una de las canciones sobre el amor más bonitas y elaboradas que he escuchado nunca, al menos en castellano. Es quizás la canción más aflamencada del disco junto a «Todo es de color», que merece comentario aparte, pero se integra perfectamente en la atmósfera general del disco.
Pregunté a la luna si era el amor
Lo que brilla en tu sonrisa con tanta emoción
Y llorando me confesaba que querías ser para mí
Y la luna me contestaba para amar hay que sufrir
Y la luna me contestaba yo quisiera ser para ti
Y sí, antes de acabar hay que hablar de «Todo es de color». Una canción que aparece como una especie de verso suelto en el disco. Al menos en lo musical, porque este panteísmo, esa espiritualidad pagana que impregna la letra del resto de las canciones está también muy presente aquí. «Qué bonita es la primavera cuando llega» es otra de esas frases por las que podríamos apedrear a cualquier letrista, pero aquí funciona de una manera portentosa. Una canción durante la que suena con insistencia el canto de unos pájaros no puede provocarnos ningún sentimiento negativo. Arriba ya he compartido la versión de Lole y Manuel, pero igualmente os invito a escuchar la de Triana, más breve y concisa.
Como curiosidad, «Todo es de color» es la única canción del disco que está en una tonalidad diferente, en este caso fa sostenido mayor. Parece ser que Manuel Molina, que la compuso junto a «Tele» Palacios, la encontraba más adecuada para su forma de tocar la guitarra. En cualquier caso, un broche perfecto para un disco que me parece inmejorable.
Evolución, aceptación y legado de El Patio
Aunque parezca increíble, El Patio vendió exactamente 19 copias en sus primeras semanas de vida. Unas pocas decenas más en sus primeros meses. Sin embargo su belleza fue pasando de boca en boca. La inclusión de fragmentos de «Abre la puerta» y «En el lago» en la banda sonora de la película Manuela empezó a granjearles cierto estatus de grupo de culto. Ayudaron también los conciertos que ofrecían rodeados de velas, tocando a veces de espaldas, envueltos en una atmósfera casi espiritual tan contemplativa como su música. Poco a poco el disco fue ganando aceptación, tanto entre la gente como entre la crítica. Muchos solo cayeron rendidos ante su brillantez cuando Triana explotaron comercialmente, sobre todo a raíz de canciones como «Tu frialdad» o «Una noche de amor desesperada».
Actualmente pocos discuten la notoriedad, influencia y magnetismo de El Patio. No solo aparece de forma recurrente en las listas de mejores discos españoles de la historia, además en puestos importantes, sino que también figura en diversas listas internacionales de rock progresivo. Más de cincuenta años después de su lanzamiento, es un disco que, a pesar de estar tan atado a un momento y lugar, apenas ha envejecido en su propuesta musical y también en la lírica. Y de esto es de lo que me apetecía hablar hoy. No del trágico fallecimiento de Jesús de la Rosa y de lo que ocurrió posteriormente con el nombre de Triana, sino de la magia de su música y del gran legado que el trío original dejó con sus discos, sobre todo con los primeros.
En mi opinión estamos ante la cima del rock andaluz, un disco fascinante cuyo principal acierto fue combinar vanguardia y tradición de una forma distinta, novedosa. En El Patio conviven no solo estilos y géneros musicales, sino incluso culturas. Estés o no de acuerdo conmigo, te invito a escuchar este disco tan especial. Siempre es un buen momento, tanto para descubrirlo como para recordarlo y disfrutarlo una vez más.
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