Weyes Blood – And in the darkness, hearts aglow (2022)

Weyes Blood - And in the darkness, hearts aglow portada

Natalie Mering dice que su nuevo álbum es la segunda parte de una trilogía que arrancó con Titanic Rising (Sub Pop, 2019). Aquel disco, a pesar de publicarse antes de la pandemia, ya cantaba a un mundo incierto, casi apocalíptico: la salud mental, el cambio climático, el miedo tecnológico, la crisis económica y política, la dificultad para tener relaciones saludables. Estos últimos años le han dado material de sobra para su continuación, y lo ha sabido aprovechar. No esperéis un panfleto político o un manual de autoayuda; lo que hay aquí es incertidumbre y miedo, también briznas de esperanza (razonable, no optimismo de Mr. Wonderful), transmutado todo en maravillosa poesía envuelta de la música más mágica y delicada que puedas imaginar.

Weyes Blood nos presta su voz a quienes intuíamos que de esta no íbamos a salir mejores. Incluso así, escarbando entre las cenizas que van dejando las catástrofes globales y particulares, encuentra alguna brasa todavía ardiente como ese corazón iluminado de la portada. La excepcional voz de Natalie, arropada por exquisitos arreglos, le da un plus de emotividad a lo que nos cuenta. No es, de todos modos, su única arma, como demuestran los últimos tres gloriosos minutos instrumentales de «God turn me into a flower», quizás la mejor canción del disco. De espíritu pop pero recitado libre, Natalie se va vistiendo de Van Morrison, Carole King o Joni Mitchell para darle forma a este inmenso monumento a la belleza, la angustia y la fragilidad humana.

(texto publicado originalmente en el número de enero de 2023 de la revista Ruta66)


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