
Los británicos Toy debutaron hace una década con un álbum lanzado en un momento propicio para la música que practicaban, una combinación de krautrock y shoegaze adaptado para encajar en los patrones de la nueva psicodelia. Desde entonces, tras aquel fulgurante arranque y un par de discos posteriores bastante interesantes, su trayectoria ha quedado un tanto desdibujada hasta el punto de que prácticamente han acabado abocados a la autoedición. Algo no demasiado comprensible, pues los mimbres con los que deslumbraron en su momento siguen muy presentes aquí sin que por ello muestren signos de estancamiento.
Su tradicional ritmo motorik se muestra en todo su esplendor en «Sequence one» antes de diluirse y dar paso a una serie de canciones que nos desvelan a unos Toy maduros y reflexivos, con un sonido más suavizado. Así aparecen en la nebulosa «Mistaken a stranger», sedosa e insinuante, tras la cual vuelven a acelerarse brevemente en «Energy» antes de lanzarse definitivamente en brazos de una especie de post punk de nuevo cuño, sombrío pero onírico como en «Last warmth of the day», sinuoso y juguetón en la extensa «The Willo», sintético aunque cálido en «Strangulation day».
Toy parecen abrir una nueva etapa en la que pueden mantener el interés de sus seguidores al mismo tiempo que tienen posibilidades de ganarse el de quienes disfrutaron en su momento con The Clientele, Beach House o The Horrors.
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