
En 1978 el punk daba sus últimos coletazos y empezaba a ramificarse en otros estilos, la música disco reinaba en las pistas de baile y el synth pop asomaba a las listas de éxitos ya sin ningún tipo de complejo. Era una época de efervescencia artística y musical, unos años de sano eclecticismo en los que una canción, si tenía calidad, podía llegar con facilidad al gran público con independencia de su género. Las radios comerciales difundían todo tipo de propuestas con una libertad que, vista desde el momento actual, donde la uniformidad reinante anula casi toda posibilidad de sorpresa, resulta asombrosa. Los sellos discográficos no tenían problemas en apostar por artistas rompedores, diferentes. Incluso así, el mundo se quedó asombrado en enero de 1978 al escuchar a una adolescente cantando, con una voz capaz de romper una copa de cristal, una canción sinuosa, inquietante, basada en la novela Cumbres Borrascosas de Emily Brönte.
En realidad, más bien se basaba en los minutos finales de su adaptación cinematográfica, cuando el fantasma de Cathy le pide a su amado Heathcliff que le abra la ventana para que pueda entrar en la casa, suplicándole, diciéndole que fuera hace frío. Ese aspecto fantasmagórico de la canción se veía potenciado por el vídeo oficial que se lanzó para el Reino Unido y el resto de Europa, en el que la cantante aparecía vestida de blanco y realizando una llamativa coreografía. La canción, Wuthering Heights, llegó al número uno apenas tres semanas después de su lanzamiento. Su autora e intérprete, con apenas 19 años, se convertía así en la primera mujer en alcanzar el puesto más alto de las listas con una canción totalmente propia, lográndolo además con su sencillo de debut. Detrás de ese éxito había una historia increíble, digna de ser contada. Una historia que, sin embargo, era solo el principio de la enigmática y fascinante carrera de Kate Bush.
(Leer el texto completo en Lecturas Sumergidas)
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