Jimi Hendrix

Hace poco Alianza Editorial publicó la traducción al castellano de Two Riders Were Approaching, Vida y Muerte de Jimi Hendrix, curioso y entretenido libro de Mick Wall. Partiendo de su lectura, escribí un texto más amplio, no solo sobre el libro sino sobre la vida y muerte de Jimi Hendrix, para la revista cultural Lecturas Sumergidas. Aquí os dejo un par de párrafos y el enlace por si os apetece leer el texto completo.

Enero de 1967. Jimi Hendrix, anunciado a veces como Jimmy Hendrix, otras como Jimmy Hendricks y algunas como Jimmy Hendrick’s Experience, se encuentra girando por Inglaterra con su grupo. Abre sus llamativos y ruidosos conciertos con Wild thing, la canción de The Troggs, retorciéndola hasta hacerla casi irreconocible. A la gente le encanta su pose, su actitud, su atractivo fruto de la mezcla de razas. También su música, desde luego. Poco después de actuar en el famoso programa Top Of The Pops de la BBC, a finales de enero, hacen de teloneros nada menos que de The Who en el Saville. Allí son testigos del brutal final de concierto, habitual en el grupo británico, con los músicos rompiendo sus instrumentos, destrozando amplificadores y derribando la batería a patadas.

Toman nota: nuestro show debería ser así de espectacular, pero no nos podemos permitir estrenar instrumentos nuevos cada noche. En febrero ya es presentado como “un cruce entre Eric Clapton y James Brown”. Cuando vuelven a Top Of The Pops en marzo, ya tienen un par de sencillos bien colocados en las listas de éxitos. Quizás ese sea el momento. El 31 de marzo actúan en el Astoria Theatre con un plantel de lujo: Englebert Humperdinck, Cat Stevens, el trío de Jimi Hendrix y los Walker Brothers como cabezas de cartel. Antes del concierto bromean con un periodista británico sobre hacer algo espectacular para finalizar el concierto, algo como por ejemplo quemar la guitarra. Sigue una breve discusión sobre lo difícil que es que una guitarra arda, hasta que alguien, medio en broma, propone rociarla de gasolina. Curiosamente, el tema con el que tienen pensado cerrar su actuación se llama Fire. Cuando llega el momento de tocarla, Jimi saca una guitarra empapada de gasolina de mechero, la pone en el suelo y trata de incendiarla con el mechero. Dos intentos, tres…y no ocurre nada. La multitud está expectante. Hendrix es consciente de que quizás se encuentre en uno de esos momentos en la vida en el que la línea que separa el bochorno de la gloria es tan fina que uno apenas puede mantenerse en pie sobre ella. De repente, una gran llama brota de la guitarra y Hendrix empieza a aullar los versos de Fire. El público enloquece, algunos buscan a la policía. Scott Walker, en su camerino esperando el momento de salir, se retuerce las manos y mira al suelo. ¿Ha hecho qué? Sabe que le acaban de robar el protagonismo. A partir de entonces la gente querrá ver a ese tal Hendrick. En los Estados Unidos, sin embargo, es solo un negro hippie más tocando blues eléctrico. De momento.

(leer el artículo completo en Lecturas Sumergidas)

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