
A priori no parece un proyecto excesivamente ilusionante: un compositor entrado ya en los sesenta decide, junto a su banda de siempre, grabar temas compuestos previamente para otros artistas. Lo bueno es que el compositor es Gary Louris, y su banda The Jayhawks, con lo que al menos se abre una puerta a la esperanza. Después de varias escuchas, la puerta queda abierta de par en par dejando entrar el sol de la mañana y la brisa de la tarde: estamos, aunque parezca mentira, ante uno de los mejores trabajos de la banda de Louris y los suyos. Un disco que no le pierde la cara a sus grandes clásicos, ni siquiera a los grabados durante la exitosa membresía de Mark Olson en el grupo de Minnesota.
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