Hoy me asomo por aquí para hablar de The Passions. En realidad apenas sé nada de este grupo, pero hace unos días volví a escuchar por casualidad su mayor (por no decir único) éxito. Algunos ya sabrán que me refiero a esa maravilla del pop más ensoñador que uno pueda imaginarse: «I’m in love with a german film star«.
The Passions fueron un grupo inglés de vida bastante efímera, apenas 5 años entre 1978 y 1983, más o menos. Por el camino entraron y salieron varios miembros, siendo fijos la voz angelical, robótica pero sensual de Barbara Gogan, y la guitarra reverberante de Clive Temperley. Tras unos inicios titubeantes, sin tener muy claro si arrimarse al punk, a la incipiente nueva ola, o directamente al tecnopop, publicaron en 1979 un extraño single llamado «Hunted«, una especie de cruce entre los nuevos románticos, el tecnopop y The Police.
Ya con contrato discográfico importante bajo el brazo, sacaron un par de LPs entre 1980 y 1981. Fue por aquellas fechas cuando les llegó ese golpe de inspiración que buscan todos los artistas, esa inspiración que para unos pocos resulta casi cotidiana, para muchos intermitente, y que en algunas ocasiones se posa casi caprichosamente sobre una cabeza hasta entonces vetada, y convierte a una banda vulgar en un recuerdo para la posteridad.
Sí, hicieron alguna cosilla más; giraron sin parar durante un par de años, luego se cansaron, se separaron…luego volvieron con otro nombre…proyectos en solitario, con otros artistas…pero…¿Qué importa lo que sucedió después? Miles de bandas venderían sus almas al diablo por un momento, un único e irrepetible momento como este. Hipnótico. Mágico.
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