Esta semana me he enterado del fallecimiento de Levi Stubbs (1936-2008), el líder y cantante de los Four Tops. Hacía años que estaba enfermo y no se le veía en esas giras al estilo Las Vegas que tanto gustan en los Estados Unidos, y en que los grupos más famosos de los 60 muchas veces actúan ya sin ningún miembro original entre sus filas.
No tengo ningún disco de los Four Tops, ni siquiera un mísero recopilatorio. Es algo que deberé solucionar urgentemente, porque en realidad sus canciones me gustan bastante. Ese puntito épico que tenían, y que les faltaba a otros grupos similares como los Temptations o los Miracles, me hace subir la adrenalina. La voz de Levi Stubbs, que ha alcanzado el status de mito tal como reconoce el propio Smokey Robinson, me estremece. Pero sobre todo me emociona porque la asocio a uno de mis primeros recuerdos musicales.
En el pequeño pueblo donde nací y viví con intermitencias hasta los 27 años no había prácticamente ningún entretenimiento en la década de los 70. Más tarde llegaría un pequeño minicine y un salón de máquinas recreativas, billares y futbolines, pero hacia la mitad de los 70 no había absolutamente nada. Por suerte, a sólo 2 kilómetros teníamos otro pueblo bastante más grande, que para nosotros por entonces representaba algo así como El Dorado. Lógicamente sólo podíamos ir acompañados de nuestros padres, estamos hablando de cuando yo tenía 8 ó 9 años.
En ese pueblo cercano se celebraba una feria durante las fiestas. Uno de los momentos más esperados del año era ese domingo en el que, por fin, mi padre estaba en casa y nos llevaba a mi madre, a mi hermano y a mí a esa feria. Era gigantesca, ocupaba toda una calle de más de 200 metros de larga, con tenderetes a ambos lados y mucha gente paseando por el centro. Estaba repleta de mostradores con todos los juguetes que veíamos anunciados por la televisión durante todo el año. La lástima es que sólo podíamos escoger uno, pero esa misma obligación le daba a aquella tarde de domingo una dimensión mágica.
Al llegar al final del paseo, y ya llevando bajo el brazo el juguete que debía hacerme feliz durante los meses que faltaban para la llegada de los Reyes Magos, ante nosotros se alzaban majestuosas las atracciones «para mayores». Estaban los típicos caballitos para niños, también, pero lo que destacaba era la espectacular noria y, sobre todo, los coches de choque.
No subí a ellos hasta pasados unos años, cuando la visita a la feria era ya algo normal y se hacía con los amigos más que con los padres, pero había algo en los coches de choque que me fascinaba. Era algo que me atraía desde el mismo momento en que ponía los pies en aquel recinto. No sabía muy bien cómo explicarlo, hasta que me di cuenta algunos años después: era la música.
Sí, en aquel entonces ya estaba enfermo de este bendito mal que es la adicción a la música, pero yo todavía no lo sabía. Mientras los demás críos se quedaban absortos mirando las luces, yo alucinaba con los sonidos. Especialmente, insisto, me embobaban los que salían de los altavoces de los coches de choque. Lógicamente entonces yo no entendía nada, ni conocía ninguna de las canciones que sonaban, pero con el paso de los años comprendí que el señor que se encargaba de la música en aquella atracción era otro enfermo musical como yo.
Especialmente nítido es el recuerdo de la primera canción que tuve consciencia de escuchar allí. No sé si era la primera vez que iba a la feria, muy posiblemente no era así, pero sí que es la primera vez de la que tengo un recuerdo claro. Al llegar a los coches de choque sonaba una canción muy machacona, se basaba casi únicamente en una especie de estrofa sencilla que se repetía una y otra vez hasta el final, soportada por un ritmo repetitivo con una batería tan simple que podría haber tocado hasta yo con una sola mano. Pero tenía una magia difícil de explicar. Era una experiencia casi psicodélica, con las luces rojas y amarillas de las atracciones, el murmullo de la gente, la música que llegaba desde las otras carpas…pero yo no tenía oídos para otra cosa. Comprendí rápidamente que la magia estaba en la voz. Aquella voz que gritaba sin levantar ruido, que parecía sufrir y gozar a la vez. Y los coros de fondo, aquellas armonías vocales eran nuevas y excitantes para mí. Y esa melodía…todo el tiempo la misma melodía…
Creo que la volví a escuchar al año siguiente, o en otra feria parecida. Ya no lo tengo tan claro, pero el caso es que aquella canción me acompañó en mi memoria durante años. Mucho después supe que esa voz que tanto me fascinaba era la de Levi Stubbs. Supe también que su grupo, los Four Tops, habían sido muy importantes en los 60. Supe, en suma, que aquella canción de la que me enamoré en los coches de choque se llamaba «I can’t help myself«.
¿Hay algo en el mundo entero, en todo el universo, con más poder que la música? ¿Existe otra cosa, además de una canción, que te pueda hacer recordar exactamente, minuto por minuto, segundo por segundo, algo que sucedió hace más de 30 años? ¿Qué diabólica magia, qué divino poder es el que hace que una melodía nos transporte en el tiempo hasta el punto de reproducir en nuestro cuerpo todas y cada una de las sensaciones y emociones que sentimos la primera vez que la escuchamos?
No tengo respuestas. Sólo una lágrima por Levi Stubbs, y otra por mi niñez perdida en la memoria.
Descubre más desde Música Para Leer
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Como siempre estupendo el texto de la semana Fidelón, la verdad es que ni siquiera de niño frecuentaba mucho los coches de choque y por mi carácter paradito era más de subirme a los caballitos, je, pero ha resultado emocionante leer como describías tus vivencias vinculadas a la música, sin duda tiene un poder evocador alucinante, a menudo me pongo un disco y me veo sentado en la mecedora de casa de mis padres leyendo un comic del oeste hace 23 años como si hubieran pasado 23 segundos y aparecen con claridad recuerdos como si vinieran pegados al disco.>>En cuanto a Four Tops yo sólo tengo una cinta de estas tipo bar de carretera, y tanto con la canción que has citado como con It’s the Same Old Song me producen una maravillosa sensación de euforia o algo parecido, el resto no están nada mal, también debería escucharlos más menudo.>Saludos¡>Fernando
Me gustaMe gusta
Cumbre, Fidel. Carne de gallina.>>Como muy bien dice Fernando el «poder evocador» de la música escuchada en la infancia y pubertad es alucinante.>>Y que descanse en paz Levi, el Frank Sinatra negro (así lo conocían sus amigos).>>Un abrazo a los dos.>Opuesto.
Me gustaMe gusta
Hola, gracias a los dos por vuestros comentarios. Quiero creer en el poder de la música, en esa capacidad de evocar momentos pasados, de ayudarnos a recordar cuando fuimos felices, de arrancarnos una sonrisa o una lágrima…pero a veces, en momentos de bajón, pienso si no será simplemente que nos hacemos viejos y nos inventamos nuestros recuerdos para hacerlos más agradables. Me acuerdo mucho de mi abuelo, cuando se ponía a contar batallitas de su juventud con los ojos vidriosos. Cada vez me parezco más a él. No me hagáis mucho caso.>>Un abrazo!>Fidel
Me gustaMe gusta
Felicidades por el blog y gracias por recordar a tremendo artista, que me he emocionado! leyendo el post mientras pongo la cancion. A mi me ocurria un fenomeno parecido, la 1era vez que fui con mis amigos a una feria escuchaba de fondo canciones de Abba.>>Gracias de nuevo por compartir y continua con esta apreciable labor>Saludos
Me gustaMe gusta
Fidel! Te agradezco por pasar y comentar, y me disculpo por no hacerlo yo más seguido aquí… lamentablemente no estoy familiarizado con la obra de los Four Tops, pero si puedo decirte que me has animado a cambiar esa situación. A menudo me sucede con algunas cosillas que publicas, que suelo desconocer ya sea por diferencias culturales o generacionales. Pero quédate tranquilo que nunca dejo de leerte con interés, y de investigar a partir de ellas.>>Por lo demás, quería decirte y un poco señalarte que tu respuesta al post, que ha sido por demás tierna y conmovedora, ya lleva tu impronta, esa con la que impregnas todo lo que haces, y que está tan cerca del corazón.>>Sigue así, que esto se está convirtiendo en un lugar de culto.>>Saludos,>José
Me gustaMe gusta
Si que tendrà que poner solución a esto de no tener ningún cd de los Four Tops, como bien dice usted tienen algo de mágico, conllevan (a mi también) recuerdos añejos acompañados de suspiros eternos, en señal de sana nostalgia…nos hacemos mayores ?.>Comparto con usted hasta el final ese viaje emocional que le produce la música, faltaría más !!
Me gustaMe gusta
Hola, gracias por vuestros últimos comentarios!!>>Gracias por tus palabras, <>Pablaktus<>, desde luego la música de <>Abba<> era también un clásico de las atracciones de feria. Como lo fueron algo más tarde las de <>Village People<> y otros tantos artistas de los mágicos 70…>><>Jose<>, muchas gracias por tu comentario. No te preocupes por pasar más o menos, yo te veo como un viejo amigo al que puedes pasar tiempo sin ver, pero que sabes que está por ahí cerca…>><>Sr.Orbison<>, lamentablemente no tengo ningún disco de los <>Four Tops<>, no tengo perdón…lamentablemente también, es cierto: según nos hacemos mayores nos va invadiendo cada vez más la nostalgia…pero…¡¡Podemos hacer de ello algo positivo!! ¿Verdad?>>Saludos a todos!!>fidelón
Me gustaMe gusta