
Hay momentos en los que todas las constelaciones del Universo entran en conjunción, los planetas se alinean, las galaxias dejan de expandirse y los cometas se detienen durante unos segundos. En esos momentos, aquí en La Tierra, hay algunas personas, pocas, casi unos elegidos, que tienen la facultad de crear Arte, con mayúscula. Son pocos segundos, así que hay que aprovecharlos. Y a veces, algunos, pocos, lo consiguen.
No creo que en 1970 Eric Clapton estuviera, digamos, tocado por la Fortuna. Sí en lo profesional: ha estado entrando y saliendo de diversas bandas durante casi toda la década y ha alcanzado el éxito. Pero Eric no sonríe. La gente le considera un Dios, pero él quisiera confundirse entre los mortales y desaparecer. Todos le envidian, pero sólo hay una persona por cuyo afecto daría la vida, y esa persona está casada con uno de sus mejores amigos. Para olvidarlo, hizo lo que hubiéramos hecho casi todos: emborracharse y drogarse. Pero hizo también algo que seguramente ninguno de nosotros hubiésemos conseguido: juntarse con un desconocido grupo de soul blanco, empezar tocando canciones como entretenimiento, pasar a grabar algunas cosillas, escribir algunas canciones nuevas, y acabar escupiendo sus sentimientos en forma de disco, de uno de los discos más grandes de la Historia de la Música, una obra eterna, una wikipedia de la pasión, el deseo y la melancolía humana: “Layla and other assorted songs”. El grupo se llamó Derek (transcripción fonética que alguien hizo de “Eric”, y que a Clapton le vino de perlas para mantener, al menos al principio, el anonimato) and The Dominos.
El disco tiene un inicio engañoso con “I looked away”. Pero sólo por la parte musical, un medio tiempo distendido y amable. Sin embargo, las letras esconden la verdad:
Ella cogió mi mano
Y trató de hacer entender que siempre estaría allí
Pero volví la mirada, y ella se marchó de mi lado
Hoy estoy tan solo…
Y si es un pecado amar a la mujer de otro hombre, cariño
Creo que seguiré pecando hasta el fin de mis días.
“Bell bottom blues” es otra canción de desamor, y esta vez la música acompaña al sentimiento. Es otro medio tiempo como el anterior pero más ralentizado, bluesero y desgarrador. Es una súplica hecha canción, es tragarse el orgullo, es arrastrarse ante la mujer amada pidiendo un día más de tiempo…
Do you want to see me crawl across the floor to you?
Do you want to hear me beg you to take me back?
I’d gladly do it because
I don’t want to fade away
Give me one more day, please
En la tercera canción, “Keep on growing”, parece que el ánimo repunta un poquitín. De hecho, empieza diciendo “I was laughing, playing in the streets…”, y las referencias al amor, que las hay, son menos amargas, más abstractas, con más indiferencia y pasotismo, o incluso con cierta confianza en el futuro: “Keep on growing, our love is gonna keep on growing…”
Pero era un espejismo, porque a continuación nos encontramos con una versión estremecedora de “Nobody knows you when you’re down and out”, la canción por excelencia de los derrotados. Qué puedo decir.
Once I lived the life of a millionaire,
Spent all my money, I just did not care.
Took all my friends out for a good time,
Bought bootleg whiskey, champagne and wine.
Then I began to fall so low,
Lost all my good friends, I did not have nowhere to go.
I get my hands on a dollar again,I’m gonna hang on to it till that eagle grins.
‘Cause no, no, nobody knows you When you’re down and out.
In your pocket, not one penny,And as for friends, you don’t have any.
Como en una montaña rusa de emociones, pasamos del orgullo a la desesperación, y de ésta a un último intento por enternecer a la persona amada prometiéndole amor eterno, en “I am yours”.
I am yours, however distant you may be
There blows no wind but wafts your scent to me,
There sings no bird but calls your name to me.
Each memory that has left its trace with me
Lingers forever as a part of me.
Pero no parece dar resultado ninguno de los intentos. El objeto de deseo sigue impasible. Clapton lo vuelve a intentar con chulería, en “Anyday”. Le acompaña el gran Bobby Whitlock a las voces, y el resultado es que todos los demonios de la pasión no correspondida se desatan, abriendo la puerta de los infiernos. Puerta por la que se escapan versos como
To break the glass and twist the knife into yourself;You’ve got to be a fool to understand.
To bring your woman back home after she’s left you for another,
You’ve got to be a, you’ve got to be a man.
“Key to the highway”, si os fijáis, tiene un inicio que parece el final de una canción pero al revés. Es decir, parece que falte un trozo de canción, porque se oye como si hubiese empezado ya unos segundos antes. De hecho es así, por lo visto empezaron a improvisar un blues a partir de alguna canción que se filtraba desde el estudio contiguo, y cuando vieron que de aquello salía algo bueno empezaron a grabar con la canción ya empezada. No sé hasta qué punto será cierta la historia, pero ahí queda. Al mismo tiempo, la canción marca un punto de inflexión en el disco. Nuestro héroe se da por vencido, al menos eso parece. Empieza la huída, hacia delante, lejos, hacia ninguna parte.
Oh give me one, one more kiss mama
Just before I go,’Cause when I leave this time you know I,
I won’t be back no more.
Al principio de dicha huída, como al principio del disco, se vislumbra un rayo de esperanza. Se masca esa euforia que uno tiene en las horas siguientes de cortar con su pareja, antes de que, al día siguiente, la realidad devuelva las cosas a su sitio. Ese rayo de esperanza está en “Tell the truth”.
The whole world is shaking now.
Can’t you feel it?
A new dawn is breaking now.
Can’t you see it?
Sin embargo, también como la principio, la alegría dura poco, y nuestro protagonista se arranca con una carrera desenfrenada y loca durante la que se pregunta insistentemente “Why does love got to be so sad”. Es evidente que, a pesar de la huída, no puede olvidar a la persona amada. Y es que no es tan fácil como parecía…
Like a moth to a flame,Like a song without a name,
I’ve never been the same since I met you.
Y si el blues es tristeza (aunque no siempre), una de las canciones que mejor encajan con el estado anímico al que nuestro protagonista ha llegado, a estas alturas del disco, es el blues “Have you ever loved a woman”. Con una letra, además, que parece escrita para la ocasión (evidentemente no es el caso, se trata de un blues bastante viejo, compuesto por Billy Miles, y que sonó bastante de la mano de Freddie King). Nuestro protagonista empieza a perder las esperanzas, y parece al borde del colapso sentimental.
Have you ever loved a woman So much you tremble in pain?
Have you ever loved a woman So much you tremble in pain?
And all the time you know She bears another man’s name.
But you just love that woman So much it’s a shame and a sin.
You just love that woman So much it’s a shame and a sin.
But all the time you know She belongs to your very best friend.
Es verdad, ella pertenece a tu mejor amigo. Sí, ese tipo que es tan buen guitarrista. Pero no es mejor que tú, ¿verdad? ¡Demuéstralo! ¡Exacto, con una de Jimi Hendrix! “Little wing”, OK, es perfecta. Bueno, será difícil competir con Hendrix en velocidad, al fin y al cabo te llaman “mano lenta”, pero en sentimiento…hermano, en sentimiento, al menos en este disco, eres insuperable…
Well she’s walking through the clouds With a circus mind that’s running ‘round.
Butterflies and zebras, fairy tales,That’s all she ever thinks about.
Y bueno…lo hemos intentado de todas las maneras posibles, pero…”It’s too late”.
It’s too late, she’s gone. It’s too late, my baby’s gone.
Wish I had told her she was my only one. It’s too late, she’s gone.
Así que ya no queda ninguna posibilidad. La mujer amada se ha ido, haciendo caso omiso de todas nuestras súplicas. Sólo queda desolación y desesperación. Y de la desesperación, cuando se junta con el talento, hay veces que surge la magia. Debe ser eso que llaman “quemar las naves”, o “echar el resto”. Vaya, que cuando no hay nada que perder, sólo queda darlo todo y entregar hasta el último hálito de sentimiento que queda en uno. Y todo eso está en “Layla”. Que no te engañen sus múltiples escuchas en las radiofórmulas: estamos ante una de las canciones más emotivas, brillantes, catárticas, desesperadas, traumáticas, vertiginosas y alucinantes que jamás se han creado. El riff inicial es genial, a pesar de las numerosas veces que lo hemos escuchado. Ese riff, junto a la voz ya quebrada y desquiciada de Clapton, transmite esa sensación de que ya no queda nada por lo que luchar y sólo resta entregar el último aliento. Pero moriremos peleando y gritando el nombre de nuestra amada, aunque nadie nos escuche. Y seguiremos peleando y gritando mientras nos quede voz. Y una vez muertos, nuestra alma subirá al cielo, y nuestra voz callará, y mutará en una hermosísima y sobrecogedora coda final al piano… ¿Eh? ¿Que sólo conoces la versión «Unplugged«? ¡¡¡Noooooooooooo!!!!!!!
Y nuestro protagonista ya no está. Pero se merece una despedida digna. Y es por eso que Bobby Whitlock, como homenaje, coge el relevo y despide el disco (salvo bonus tracks que puedan haber por ahí, y que no harían más que desvirtuar el tremendo crescendo y posterior bajada a los infiernos del disco) con una canción tranquila y triste, “Thorn tree in the garden”, que no tiene nada que ver musicalmente con el resto del disco. Con una guitarra acústica y su poderosa voz, Whitlock ayuda a nuestro héroe, y a nosotros, cariacontecidos oyentes, a echar el cierre a una historia triste, con final triste, llena de desesperanza y frustración…pero bella…increíblemente hermosa y bella…
Venga, amigo lector, no estés triste. Ya sabemos que la historia, a la postre, tuvo un final feliz, ¿Verdad?
Moraleja: el que la sigue, la consigue.
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Hola Fidelón. No conocía este disco, bueno, de estos «clásicos» creo que no conozco muchos… ni por supuesto la historia del Clapton con la gachisa de Harrison. Me lo apunto (de verdad, yo lo que me apunto en mi bloc de notas mental, puede tardar una semana o unos años, pero al final lo escucho…)>Saludos! >Y muy bien el blog por cierto, que por ahora no te había dejado ningún comentario por aquello de no saber que decir. 😉
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Ya no sé si comentarlo aquí o en el foro, pero ya que estoy…felicidades por el post, simplemente genial, no sólo el disco, si no tu manera de exponerlo y hacerlo llegar. Genial.>>Lo llevo en el mp3, para reescucharlo hoy en la oficina.>>Laaaaayla…
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Hola Fidel, fantástica la reseña del ‘Layla’. Te he dejado mi opinión sobre este disco en el foro. La escribí añoche, quería dejar alguna foto pero al final se me hizo tarde y lo deje para primera hora de la mañana. Pero veo que esta mañana te me has adelantado por los pelos y ya veo que esta vez sí has citado a una figura muy importante en este trabajo. Además, me alegra que hayas matizado para todos los escépticos que antes del Clapton que todo el mundo tiene en mente hubo otro Clapton, bueno en el foro ya lo he comentado yo también. >>En fin, explendido disco, gracias. >>Cuidate>Ani
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Hola a todos. Pues, como siempre, gracias por vuestros comentarios. Este disco es de esos que echa un poco para atrás, por la misma figura de Clapton que desde los 80 está poco reconocido, y por la tremenda ubicuidad de la canción «Layla», que siempre está hasta en la sopa, y encima en su versión descafeinada y desenchufada. Me sentía obligado a recordar que este disco existió, y que fue (es) muy grande.>>Un saludo,>Fidel
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Magnifico blog Fidel… lo leo habitualmente y nunca acabo firmando, soy muy dejado para estas cosas>>Ya deje un pequeño comentario sobre lo que opino de Clapton. Este disco lo desconocía así que apuntado y espero que en breve tiempo oído>>Saludos>>Hulot
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(deje un comentario en MZK me refiero)>>Que espesez…
>>Hulot
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